Lima – 14 Junio 2026 – Total News Agency – TNA-. La segunda vuelta presidencial de Perú entró en su tramo más delicado. Con el 98,552% de las actas contabilizadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular, se mantiene en primer lugar con el 50,051% de los votos válidos, equivalente a 9.072.289 sufragios. Su rival, Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, alcanza el 49,949%, con 9.053.801 votos.
La diferencia entre ambos es mínima: 18.488 votos, apenas 0,102 puntos porcentuales. En una elección de más de 18 millones de votos válidos contabilizados, ese margen mantiene en suspenso la definición política e institucional del país andino.
La ONPE completó el registro de las actas que llegaron sin observaciones a su sede. A partir de ahora, el centro de gravedad del proceso se traslada a las actas enviadas a los Jurados Electorales Especiales (JEE), que deben revisar errores materiales, impugnaciones, inconsistencias o cuestionamientos formulados durante el escrutinio. Sólo después de esa etapa podrá consolidarse el resultado final que deberá ser proclamado por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE).
El dato central del último corte es contundente por su estrechez: Fujimori 50,051% y Sánchez 49,949%. La candidata de derecha quedó arriba, pero sin margen político suficiente para celebrar una victoria definitiva. El postulante de izquierda, en tanto, quedó abajo por menos de dos décimas, pero con expectativas depositadas en las actas observadas y en las eventuales resoluciones de los organismos electorales.
La elección peruana vuelve a mostrar una fractura territorial y social profunda. Fujimori obtiene un fuerte respaldo en Lima, sectores urbanos, voto exterior y regiones donde pesa el discurso de orden económico y seguridad. Sánchez, en cambio, conserva apoyo en zonas rurales, comunidades andinas, regiones del sur y sectores populares que se identifican con una agenda más crítica del modelo económico tradicional.
El conteo oficial de la ONPE es el único mecanismo con validez jurídica para determinar quién obtiene más votos válidos en la segunda vuelta. El proceso comenzó en cada una de las 90.223 mesas habilitadas en Perú y en el exterior. Una vez cerradas las urnas, las actas fueron trasladadas, procesadas y contabilizadas. Las que no presentaron observaciones ingresaron al cómputo general; las que registraron problemas fueron derivadas a revisión electoral.
Según especialistas en derecho electoral citados por medios peruanos, las actas observadas pueden tener distintos desenlaces: corrección de errores formales, cotejo con documentación complementaria, recuento con presencia de personeros o, en casos extremos, nulidad. Por eso, aunque la ONPE haya agotado el procesamiento de las actas limpias, el resultado definitivo aún depende de la revisión de los JEE y, eventualmente, del JNE.
El escenario se tensó durante las últimas horas. Roberto Sánchez se reunió con diputados y senadores de Juntos por el Perú y reclamó al JNE y a la ONPE que todas las controversias sean resueltas con “verdad y transparencia”. El candidato evitó reconocer una derrota y pidió que cada acta cuestionada sea tratada conforme a la ley.
Sus simpatizantes también salieron a la calle. Cientos de militantes de Juntos por el Perú marcharon por el centro de Lima hasta la sede del JNE, en el distrito de Jesús María, para exigir transparencia en el conteo oficial. La movilización expresa el clima de desconfianza que acompaña a una elección definida por una diferencia exigua.
Del otro lado, Keiko Fujimori anunció que dejará temporalmente el país junto a su hija Kyara Villanella, aunque afirmó que se mantendrá comunicada con los personeros de Fuerza Popular durante la etapa final del proceso. La decisión generó impacto político porque se produce cuando todavía no existe proclamación oficial y cuando el resultado depende de las actas pendientes.
La fotografía electoral, al corte del 98,552%, deja a Fujimori arriba con 50,051% y a Sánchez con 49,949%. La diferencia en votos —18.488— puede parecer relevante en una elección municipal, pero resulta extremadamente estrecha para una presidencia nacional. Más aún cuando todavía quedan expedientes bajo revisión.
El proceso recuerda otros desenlaces ajustados de la política peruana reciente, en particular la segunda vuelta de 2021, cuando Pedro Castillo derrotó a Keiko Fujimori por un margen estrecho y el país atravesó semanas de impugnaciones, denuncias y tensión institucional antes de la proclamación final. En 2026, la historia parece repetirse con otros protagonistas, pero con la misma incertidumbre.
El voto exterior volvió a tener un peso importante. A medida que ingresaron las actas provenientes de fuera del país, la tendencia comenzó a favorecer a Fujimori, que recuperó terreno frente a un Sánchez que había logrado ventajas en etapas anteriores del conteo nacional. Esa dinámica explica parte del cambio de liderazgo registrado durante los últimos días.
La elección se desarrolló en un contexto de polarización extrema. Fujimori compite por cuarta vez en una segunda vuelta presidencial y busca finalmente llegar al poder luego de derrotas ajustadas. Sánchez, ex ministro durante el gobierno de Pedro Castillo, representa a una izquierda que conserva fuerza territorial en regiones andinas y rurales, pero que enfrenta resistencias en los centros urbanos y en los mercados.
El resultado parcial también tiene impacto económico. Los mercados reaccionaron con expectativa ante el avance de Fujimori, considerada por inversores como una opción más previsible para la continuidad de políticas promercado. En cambio, la posibilidad de un triunfo de Sánchez genera cautela por sus propuestas de reforma constitucional, impuestos a grandes patrimonios y revisión del modelo económico.
Sin embargo, en términos institucionales, lo único cierto es que Perú aún no tiene presidente electo proclamado. La ventaja parcial de Fujimori es real, pero no definitiva. La resistencia de Sánchez también es real, pero depende de que las actas observadas modifiquen una diferencia que, aunque pequeña, hoy favorece a Fuerza Popular.
La clave está en los porcentajes: 50,051% para Keiko Fujimori y 49,949% para Roberto Sánchez. Una elección partida en dos, con apenas 0,102 puntos de distancia, deja a Perú otra vez frente a una definición voto a voto, acta por acta y recurso por recurso.
Hasta que los JEE resuelvan las actas pendientes y el JNE proclame el resultado final, el país seguirá en espera. Perú no sólo cuenta votos: cuenta también la paciencia de una sociedad acostumbrada a que sus presidencias nazcan bajo sospecha, tensión y fragilidad política.





