Kyiv – 16 junio 2026 – Total News Agency – TNA-. Ucrania volvió a demostrar que la guerra ya no se libra únicamente en el frente oriental, sino también en la retaguardia estratégica rusa. Un ataque con drones alcanzó este martes una instalación de la Refinería de Petróleo de Moscú, ubicada en el distrito de Kapotnia, en el sureste de la capital rusa, a unos 500 kilómetros de la frontera ucraniana.
Las autoridades rusas confirmaron daños en la planta, aunque aseguraron que no se registraron víctimas. El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, informó a través de la plataforma estatal rusa Maks que “uno de los drones dañó una instalación de la refinería de petróleo de Moscú” y añadió que los servicios de emergencia trabajaron en el lugar. La zona fue cerrada al tránsito tras el impacto.
El Ministerio de Defensa ruso y las autoridades de la capital afirmaron que las defensas aéreas interceptaron decenas de drones dirigidos contra Moscú. Según la agencia estatal TASS, se trató de una de las mayores andanadas contra la capital rusa en lo que va del año. Reportes independientes indicaron que los cuatro principales aeropuertos de Moscú —Sheremétievo, Domodédovo, Vnúkovo y Zhukovsky— sufrieron restricciones temporales durante la madrugada.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, confirmó que Kyiv estuvo detrás de la operación y presentó el ataque como una demostración de capacidad de largo alcance. “Esta vez, la región de Moscú sintió el alcance de las capacidades de largo alcance de Ucrania. Se alcanzó una refinería de petróleo a una distancia de 500 kilómetros”, sostuvo en redes sociales.
Zelenski también calificó la operación como “una respuesta justa” a los bombardeos rusos contra ciudades ucranianas y al alargamiento de una guerra que, según insistió, Moscú se niega a terminar. El mandatario difundió imágenes en las que aparentemente se observa un dron sobrevolando edificios residenciales antes de impactar en una zona industrial junto a una chimenea roja y blanca.
La instalación atacada no es menor. La refinería de Moscú es operada por Gazprom Neft y constituye una pieza relevante del abastecimiento energético de la capital rusa y su región metropolitana. En 2024 procesó 11,6 millones de toneladas de petróleo, lo que la convierte en una de las plantas más importantes del entorno de Moscú.
El golpe se produjo después de una de las noches más intensas de bombardeos rusos contra Ucrania. Según Kyiv, Rusia lanzó más de 600 drones y 70 misiles sobre distintas regiones ucranianas, en ataques que dejaron al menos 11 muertos y provocaron daños en infraestructura civil, energética y cultural.
Uno de los puntos más sensibles fue el daño registrado en la Lavra de Pechersk de Kyiv, histórico complejo monástico ortodoxo declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO. Parte del tejado y de la cúpula de la Catedral de la Dormición resultaron afectados. Zelenski calificó el episodio como “uno de los crímenes más graves de Rusia contra la cultura cristiana hasta la fecha”.
Los servicios de seguridad ucranianos afirmaron haber hallado en el recinto restos de al menos dos drones Geran-2, la versión rusa de los drones iraníes Shahed. Moscú negó responsabilidad y atribuyó el daño a un misil Patriot de fabricación estadounidense, aunque no presentó pruebas públicas concluyentes para respaldar esa versión.
La escalada confirma un cambio en la dinámica de la guerra. Rusia mantiene bombardeos casi diarios sobre Ucrania desde el inicio de la invasión a gran escala, el 24 de febrero de 2022. Sin embargo, Kyiv ha incrementado en los últimos meses su campaña de ataques en profundidad contra objetivos dentro del territorio ruso, especialmente refinerías, depósitos de combustible, oleoductos, plantas petroquímicas y nodos logísticos.
El objetivo ucraniano es claro: afectar los ingresos energéticos que sostienen el esfuerzo bélico del Kremlin, degradar la capacidad de abastecimiento interno y mostrar que Rusia ya no puede mantener indemne su propia infraestructura crítica mientras bombardea ciudades ucranianas.
La campaña ya alcanzó instalaciones en regiones como Samara, Tatarstán, Saratov, Perm, Rostov, Krasnodar y ahora nuevamente el área metropolitana de Moscú. Algunas plantas rusas debieron suspender o reducir temporalmente operaciones tras ataques previos, según reportes de mercado y fuentes del sector energético.
Para Ucrania, el impacto militar se combina con un mensaje político: si Rusia ataca centrales eléctricas, barrios residenciales, puertos, hospitales y monumentos históricos, Kyiv responderá apuntando al sistema que financia la guerra. Para Moscú, en cambio, cada ataque sobre su infraestructura energética expone la vulnerabilidad de una potencia que pretendía mantener el conflicto lejos de su capital.
El ataque contra Kapotnia no necesariamente cambia por sí solo el curso de la guerra, pero sí refuerza una tendencia: Ucrania está transformando sus drones de largo alcance en una herramienta estratégica para golpear la economía rusa, incomodar al poder político en Moscú y obligar al Kremlin a dispersar recursos defensivos cada vez más lejos del frente.
En ese escenario, la guerra energética ya no es un capítulo lateral del conflicto. Se convirtió en uno de sus frentes principales.





