Buenos Aires – 23 junio 2026 – Total News Agency – TNA-. El mercado cambiario volvió a encender una señal de alerta para el Gobierno: el dólar oficial mayorista encadenó su sexta suba consecutiva, recuperó los niveles de comienzos de enero y acumuló un avance del 4,5% en lo que va de junio, en la antesala de un segundo semestre que suele ser más exigente por la menor oferta de divisas del agro.
La cotización mayorista avanzó $10 y cerró en $1.471,50 para la venta. El movimiento confirmó que la baja registrada durante los primeros meses del año quedó prácticamente neutralizada y que el mercado empieza a mirar con más atención el tramo posterior a la liquidación de la cosecha gruesa.
El dato no implica, por ahora, una crisis cambiaria. El tipo de cambio sigue lejos del techo del esquema de bandas definido por el equipo económico. La brecha frente al límite superior se mantiene en torno al 22,1%, lo que todavía le deja margen al Gobierno para administrar la transición sin convalidar un salto brusco. Sin embargo, la dinámica de las últimas ruedas muestra que la presión compradora comenzó a reaparecer.
En el mercado de contado se operaron más de US$645,7 millones, un volumen relevante para una jornada en la que el Banco Central volvió a intervenir del lado comprador, aunque con menor intensidad que en semanas previas. La autoridad monetaria adquirió US$50 millones y elevó las compras netas acumuladas en 2026 a US$10.903 millones.
Ese dato es uno de los principales argumentos del Gobierno para sostener que el esquema aún conserva fortaleza. El BCRA llegó a junio con una fuerte racha compradora, favorecida por la liquidación del sector agroexportador, la restricción de importaciones financieras y la expectativa de estabilidad macroeconómica. Pero el desafío será sostener ese ritmo cuando disminuya el flujo estacional de dólares.
El mercado de futuros también acompañó el reacomodamiento. Los contratos operaron con subas de hasta 0,7% en los tramos de 2026 y reflejaron una expectativa de devaluación administrada. Las posiciones marcan un dólar mayorista estimado en torno a $1.474,50 para fin de junio y cerca de $1.647,50 para el cierre del año. El monto total negociado alcanzó los US$1.657 millones.
En la plaza minorista, el Banco Nación ajustó otros $10 y llevó la cotización a $1.440 para la compra y $1.490 para la venta. Con ese nivel, el dólar tarjeta quedó en torno a $1.937, un valor que vuelve a impactar sobre consumos en el exterior, servicios digitales, turismo emisivo y gastos dolarizados con percepción impositiva.
El promedio de bancos relevado por el Banco Central ubicó al tipo de cambio minorista en $1.491,13, en línea con la suba generalizada del mercado oficial. El movimiento también fue seguido por las cotizaciones financieras: el dólar MEP avanzó 1,3% hasta $1.504,58, mientras que el contado con liquidación (CCL) subió 1,6% hasta $1.554,49.
El dólar blue también se acopló a la tendencia alcista y cerró en $1.505 para la venta. De esta manera, las distintas referencias cambiarias volvieron a alinearse en una zona de mayor tensión, aunque sin desbordes de brecha ni saltos disruptivos.
El punto sensible para el Gobierno es el calendario. Junio todavía conserva parte del arrastre de la liquidación agrícola, pero julio y agosto suelen traer menor ingreso de divisas comerciales. Esa estacionalidad obliga al BCRA a cuidar las compras, al Tesoro a sostener la absorción de pesos y al equipo económico a evitar que el mercado interprete la suba del dólar como el inicio de una corrección más acelerada.
La estrategia oficial sigue basada en tres pilares: acumulación de reservas, disciplina fiscal y administración gradual del tipo de cambio. Hasta ahora, el Gobierno logró mostrar compras sostenidas del Banco Central y reservas brutas en niveles elevados para los últimos años. Pero el mercado mira cada vez más la calidad de esas reservas, los próximos pagos de deuda y la consistencia del programa monetario.
La suba de junio también empieza a tener lectura inflacionaria. Un dólar oficial más alto puede trasladarse a precios de bienes importados, insumos industriales, alimentos con componentes dolarizados y expectativas de reposición. El equipo económico confía en que la recesión parcial, la competencia y el ancla fiscal limiten el traslado, pero los operadores ya siguen de cerca el impacto en listas de precios.
Para los inversores, el interrogante no es solo cuánto subió el dólar, sino si el movimiento forma parte de una corrección ordenada o anticipa una pérdida de confianza. Por ahora, el hecho de que el BCRA siga comprando divisas permite contener la lectura negativa. Pero la sexta suba consecutiva muestra que el mercado dejó atrás la calma absoluta de meses anteriores.
El oficialismo necesita que el tipo de cambio avance sin desorden y que las reservas sigan creciendo. Una aceleración excesiva podría alimentar inflación; una intervención demasiado rígida podría comprometer compras de dólares. En ese equilibrio se juega buena parte de la estabilidad económica del segundo semestre.
La señal de este martes fue clara: el dólar oficial ya borró la baja acumulada desde enero y vuelve a ubicarse en el centro de la escena económica. El Gobierno conserva margen, pero el mercado empezó a probar la resistencia del esquema cambiario.





