Buenos Aires – 6 Julio 2026 – Total News Agency – TNA – El ministro de Economía, Luis Caputo, presentó este lunes el programa financiero con el que el Gobierno de Javier Milei busca despejar uno de los principales interrogantes del mercado: cómo pagará la deuda en dólares hasta el final del actual mandato y durante el año electoral 2027. La respuesta oficial fue una combinación de superávit fiscal, emisión de bonos en el mercado local, préstamos garantizados, eventuales privatizaciones y una pieza clave de la letra chica: el Tesoro deberá comprarle dólares al Banco Central por casi US$ 5.000 millones en 2027 para afrontar vencimientos.
La exposición, realizada en el microcine del quinto piso del Palacio de Hacienda, tuvo un tono más prudente que otras intervenciones recientes del equipo económico. Esta vez no se habló de que “sobran los dólares”, sino de un esquema con “opcionalidades” y supuestos que el Gobierno definió como conservadores. Caputo sostuvo que la administración libertaria tiene cubiertas las necesidades de financiamiento de 2026 y 2027, aunque admitió que el diseño dependerá de varias fuentes simultáneas y de la capacidad de seguir acumulando reservas.
Según los números presentados por Economía, las necesidades financieras en moneda extranjera ascienden a US$ 19.200 millones en 2026 y US$ 24.900 millones en 2027, lo que implica un total de US$ 44.100 millones para el bienio. Caputo aseguró que el programa de 2026 está “sobrecumplido” por US$ 3.700 millones, monto que se explicaría por el superávit fiscal proyectado y que funcionaría como colchón para el año siguiente. Distintos reportes internacionales también señalaron que el Gobierno pretende cubrir los pagos con organismos multilaterales, privatizaciones y emisiones locales, sin depender por ahora de una salida plena a los mercados globales.
El ministro estuvo acompañado por el viceministro José Luis Daza y el secretario de Finanzas, Federico Furiase, quienes detallaron las fuentes previstas para sostener el programa. Entre ellas aparecen préstamos garantizados por alrededor de US$ 4.000 millones, emisiones en dólares bajo ley local, fondos ya acumulados por el Tesoro y eventuales ingresos por privatizaciones. El Gobierno también proyecta usar la colocación de un Bonar 2029 por hasta US$ 2.000 millones este año y emisiones locales por otros US$ 5.000 millones en 2027.
El punto más sensible es la relación entre el Tesoro y el Banco Central de la República Argentina. El plan contempla compras de divisas al BCRA por US$ 6.700 millones en 2026 y US$ 4.900 millones en 2027. En la práctica, eso significa que una parte relevante de los dólares para pagar deuda deberá salir de las reservas que el Central logre acumular previamente. Economía informó que, gracias a las compras realizadas durante el año y a la exigencia de recomposición de reservas acordada con el Fondo Monetario Internacional, el BCRA ya registra alrededor de US$ 10.000 millones de reservas netas positivas.
La estrategia apunta a evitar una colocación internacional a tasas elevadas. Caputo insistió en que volver a Wall Street “es una opción, no un objetivo” y afirmó que el Gobierno no buscará endeudarse en el exterior si consigue alternativas más baratas. El ministro ejemplificó que, tiempo atrás, el mercado ofrecía una emisión de US$ 5.000 millones a diez años con una tasa del 12,5% anual, mientras que ahora el equipo económico afirma poder financiarse a tasas cercanas al 6%, lo que —según el Gobierno— permitiría ahorrar miles de millones en intereses.
El discurso oficial busca instalar una señal de solvencia antes de que la campaña presidencial de 2027 incremente la presión sobre el dólar, los bonos y el riesgo país. Reuters remarcó que los inversores miran especialmente el año próximo, cuando Argentina enfrentará vencimientos de capital en moneda extranjera superiores a US$ 23.000 millones, o más de US$ 32.000 millones si se suman intereses, según datos del FMI. El mismo informe advirtió que cualquier duda sobre la continuidad del ajuste fiscal podría presionar sobre el peso y alterar el clima financiero.
El mercado recibió el anuncio con cautela. La baja inicial del riesgo país, que rondó la zona de los 412 puntos, fue leída como una señal favorable, pero no disipó todos los interrogantes. La principal duda es si el Gobierno podrá sostener simultáneamente tres objetivos: mantener el superávit fiscal, comprar dólares para el Tesoro y evitar una presión adicional sobre el tipo de cambio. En otras palabras, el plan descansa sobre una condición exigente: que el BCRA siga acumulando reservas y que el Tesoro consiga los pesos necesarios para comprarlas sin desordenar el mercado local.
El economista Iván Stambulsky, de Barclays, evaluó que recurrir a dólares del Banco Central implica más presión que no utilizarlos, aunque relativizó el monto al señalar que los casi US$ 5.000 millones previstos para 2027 representan aproximadamente la mitad de lo comprado por el Central en la primera parte de este año. Otros analistas fueron más críticos. Fernando Marull consideró que el programa no modifica demasiado la estrategia previa, basada en compras de reservas, emisiones locales y posibles colocaciones si baja el riesgo país. Nicolás Gadano, de Empiria, advirtió que el Tesoro no solo deberá renovar deuda en pesos, sino también conseguir recursos para comprarle divisas al Banco Central.
La comparación con la mirada previa del mercado muestra el desafío. Antes del anuncio, estimaciones privadas calculaban vencimientos en moneda extranjera por US$ 30.700 millones entre junio de 2026 y diciembre de 2027, con una fuerte concentración en bonos Globales y Bonares, pagos al FMI, Club de París, Bopreales y repos del BCRA. Infobae citó estimaciones de la consultora 1816 que ubicaban la brecha pendiente de financiamiento en torno de US$ 17.600 millones antes de conocerse el detalle completo del programa oficial.
Caputo intenta convertir el programa financiero en un mensaje político. El ministro no solo busca garantizar los vencimientos, sino también transmitir que el Gobierno puede llegar al año electoral sin salto cambiario, sin default y sin depender de una emisión apresurada en Wall Street. En esa línea, planteó que la Argentina debe reducir su histórica dependencia del financiamiento externo y profundizar el mercado de capitales local. Además, reiteró que el objetivo de largo plazo es alcanzar el grado de inversión hacia 2031, un horizonte asociado a una eventual segunda presidencia de Milei.
Sin embargo, el programa deja expuesto un equilibrio delicado. Si el Gobierno logra sostener el superávit, acumular reservas y renovar deuda local, el esquema puede llegar a funcionar como puente hacia 2027. Pero si se acelera la demanda de dólares, sube el riesgo país o aparecen tensiones políticas durante la campaña, la necesidad de comprar divisas al Banco Central podría convertirse en un factor adicional de presión cambiaria.
La presentación de Caputo no cerró el debate, pero sí ordenó el mapa de riesgos. El Gobierno eligió mostrar que tiene un plan, aun cuando buena parte de ese plan depende de que el mercado local siga prestando, de que los organismos multilaterales acompañen y de que el Banco Central conserve la capacidad de generar dólares genuinos. En la superficie, el mensaje fue de tranquilidad. En la letra chica, la clave está en una pregunta que seguirá dominando a los inversores: quién le venderá los dólares al Tesoro cuando la política electoral empiece a encarecerlos.





