Buenos Aires – 24 Julio 2026 – Total News Agency – TNA-. El vocero presidencial, Adrián Ravier, admitió que el dólar podría alcanzar valores de entre $1.700 y $1.800 durante los próximos meses, aunque sostuvo que la estabilidad cambiaria está asegurada y negó que la economía argentina enfrente un atraso capaz de provocar una devaluación abrupta.
La declaración incorporó al discurso oficial un nivel cambiario que hasta ahora el Gobierno procuraba presentar como lejano. Si se toma como referencia una cotización cercana a los $1.500, un dólar de $1.800 implicaría un aumento de aproximadamente 20%, una variación que difícilmente resultaría neutral para los precios internos, los combustibles, los alimentos, los medicamentos, los alquileres indexados y los costos de producción.
Ravier afirmó que una eventual corrección sería “mínima” y no tendría un impacto significativo sobre el bolsillo de los argentinos. Para sostener su posición comparó el escenario actual con las grandes devaluaciones de otras etapas: recordó que durante el gobierno de Mauricio Macri el tipo de cambio se multiplicó por cuatro y que, tras la salida de la convertibilidad en 2002, pasó de uno a tres pesos.
El vocero señaló que una repetición proporcional de aquellos episodios llevaría hoy el dólar a valores de entre $4.500 y $6.000, hipótesis que descartó. La comparación, sin embargo, establece como parámetro de tranquilidad la ausencia de un colapso cambiario extremo, sin responder completamente qué consecuencias tendría una depreciación más moderada pero todavía considerable.
El último Relevamiento de Expectativas de Mercado —REM— del Banco Central ubicó la mediana del tipo de cambio esperado en $1.482 para julio y en $1.673 para diciembre de 2026. Los diez analistas con mejor desempeño pronosticaron un valor de $1.621 para fin de año. La estimación de Ravier de un dólar a $1.800 se encuentra, por lo tanto, por encima del consenso actual de consultoras, bancos y centros de estudios relevados por la autoridad monetaria.
El propio REM proyectó una inflación cercana al 30% anual para 2026. Si el dólar llegara a $1.800 antes de fin de año, la velocidad de su incremento y la reacción de las empresas determinarían cuánto de ese movimiento sería trasladado a los precios. La Argentina redujo considerablemente el ritmo inflacionario respecto de los niveles heredados, pero todavía mantiene una dinámica nominal suficientemente elevada como para que una corrección cambiaria no pueda considerarse inocua.
Ravier reconoció que resulta difícil establecer con precisión si existe atraso cambiario. Bajo el criterio de comparar la cotización real con el promedio de los últimos años, admitió que el dólar se encuentra “un poquito abajo”, aunque insistió en que cualquier corrección pendiente sería acotada.
El debate sobre el atraso no depende únicamente del valor nominal. También incluye la inflación acumulada, la evolución de los salarios, los costos internos, la productividad, las exportaciones, las importaciones, el turismo y la capacidad del Banco Central para sostener la oferta de divisas sin perder reservas.
El vocero destacó que el organismo monetario está comprando dólares y afirmó que existe superávit en cuenta corriente. Las reservas internacionales brutas alcanzaban los 48.921 millones de dólares al 21 de julio, de acuerdo con la información provisoria publicada por el Banco Central. El nivel representa una mejora significativa, aunque las reservas brutas incluyen depósitos privados, encajes, swaps y otros componentes que no están completamente disponibles para intervenir en el mercado o pagar deuda.
La afirmación sobre la cuenta corriente requiere, además, precisar el período considerado. El balance cambiario había registrado en marzo un déficit de 88 millones de dólares, explicado principalmente por egresos netos de servicios e ingresos primarios. La evolución anual puede mejorar por el comercio exterior y la producción energética, pero no todos los meses presentan automáticamente un resultado positivo.
Ravier también proyectó una nueva reducción del riesgo país y aseguró que el Gobierno cuenta con fortaleza para colocar deuda. El indicador elaborado por J.P. Morgan había descendido a la zona de 402 a 405 puntos básicos durante julio, su nivel más bajo en más de ocho años, favorecido por la recuperación de los bonos soberanos.
La mejora fue acompañada por la decisión de Moody’s de elevar la calificación soberana argentina de Caa1 a B3 y cambiar la perspectiva de estable a positiva. La calificadora mencionó el superávit fiscal, la desaceleración de la inflación, el fortalecimiento de las exportaciones, la acumulación de reservas y las perspectivas de inversiones en energía y minería, aunque todavía mantiene al país dentro de una categoría altamente especulativa.
El vocero rechazó que la eventual emisión de títulos signifique un aumento neto del endeudamiento y explicó que los nuevos fondos serían utilizados para cancelar obligaciones heredadas. Esa operación puede mejorar plazos, tasas y perfiles de vencimiento, pero sigue implicando refinanciar compromisos en los mercados. Su éxito dependerá del costo que exijan los inversores y de la capacidad argentina para mantener superávit fiscal y acceso sostenido al crédito.
Ravier aseguró que no existe un escenario comparable con 2019 porque el sistema financiero ya no acumula el volumen de pasivos remunerados y Lebac que aceleró la crisis durante la última etapa del gobierno de Macri. También destacó el programa coordinado entre el Ministerio de Economía y el Banco Central, que incluyó compras de divisas y medidas para sanear el balance de la entidad.
La comparación con 2019 favorece al Gobierno en varios aspectos, aunque no elimina otros riesgos. La economía continúa expuesta a una mala cosecha, sequías, inundaciones, caídas en los precios de las exportaciones, salidas de capitales o un agravamiento de los conflictos internacionales.
El aumento del petróleo por la guerra en Medio Oriente puede mejorar los ingresos argentinos por Vaca Muerta, pero también encarecer combustibles, transporte, fertilizantes y logística antes de que el país alcance un excedente exportador suficientemente amplio. Ravier reconoció que ningún programa económico está completamente protegido frente a shocks externos.
El portavoz afirmó que el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones —RIGI— comenzó a generar proyectos capaces de aportar miles de millones de dólares. Las inversiones mineras, energéticas y de infraestructura prometen ampliar la oferta de divisas, pero buena parte de esos emprendimientos necesita varios años de construcción antes de producir exportaciones en gran escala.
También anticipó tres años de crecimiento, reducción de la pobreza, caída de la indigencia, equilibrio fiscal y una inflación descendente. Incluso mencionó la posibilidad de deflación en el futuro, aunque reconoció que el país todavía se mueve alrededor de una inflación anual del 30%.
La discusión inmediata quedó planteada por sus propias cifras: el Gobierno considera estable un mercado en el que admite que el dólar podría avanzar hasta $1.800. Esa posibilidad supera la estimación de cierre anual del mercado y obliga al equipo económico a demostrar que una corrección de esa magnitud puede producirse sin acelerar nuevamente la inflación ni reducir los ingresos reales.




