Jerusalén – 26 Julio 2026 – Total News Agency – TNA – El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, prepara una presentación de inteligencia para su próximo encuentro en Washington con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, centrada en los intentos de Irán por recuperar capacidades de enriquecimiento de uranio y trasladar equipos sensibles hacia instalaciones subterráneas construidas para resistir ataques aéreos.
El principal punto del informe israelí sería el complejo conocido como Pickaxe Mountain, o montaña Kuh-e Kolang Gaz La, ubicado cerca de la instalación nuclear de Natanz, en la provincia iraní de Isfahán. Israel considera que Teherán trasladó miles de centrifugadoras hacia los túneles excavados bajo la montaña después de los ataques estadounidenses e israelíes de 2025 contra los principales centros nucleares iraníes.
Netanyahu se dirige a Washington en un momento de diferencias crecientes con Trump sobre la duración de las operaciones militares y el objetivo final de la presión contra Irán. El Gobierno israelí pretende impedir que Teherán reconstruya tanto su programa nuclear como su industria de misiles balísticos, mientras la Casa Blanca mantiene abierta la posibilidad de alcanzar una salida diplomática que evite una guerra regional todavía más extensa.
La fecha y el formato exactos del encuentro no habían sido difundidos oficialmente por la Casa Blanca al cierre de esta edición. Medios estadounidenses habían informado previamente que Netanyahu buscaba una audiencia desde hacía varias semanas y que funcionarios norteamericanos se sorprendieron ante versiones israelíes que daban la reunión como confirmada antes de que apareciera formalmente en la agenda presidencial.
La inteligencia que Netanyahu llevará a Trump apuntaría a demostrar que los daños provocados sobre Natanz, Fordow e Isfahán no eliminaron la capacidad iraní para reconstruir su programa. El traslado de centrifugadoras permitiría conservar equipos indispensables para volver a enriquecer uranio, aun cuando las instalaciones conocidas hayan quedado destruidas, dañadas o sometidas a vigilancia internacional.
Las centrifugadoras separan los isótopos del uranio mediante rotación a gran velocidad. Su instalación en cascadas permite aumentar progresivamente la concentración de uranio-235, material que puede destinarse a combustible nuclear civil o, cuando alcanza niveles muy elevados y se combina con otros desarrollos, convertirse en el núcleo de un programa armamentístico.
Funcionarios israelíes y estadounidenses citados por medios internacionales sostienen que miles de esos equipos habrían sido introducidos en Pickaxe Mountain desde el otoño boreal de 2025. No está públicamente determinado de qué instalaciones procedían, qué modelos fueron trasladados, si ya se encuentran montados en cascadas ni si el complejo dispone de material nuclear para iniciar el enriquecimiento.
Esa distinción resulta decisiva. El propio Trump reconoció el 21 de julio que Washington no tenía registrada de manera concluyente la presencia de las centrifugadoras y señaló que los equipos, por sí solos, no permiten enriquecer uranio si Irán no posee también el material necesario. El presidente estadounidense afirmó que su administración sigue especialmente la ubicación del uranio y, al mismo tiempo, amenazó con atacar la zona “muy pronto y muy duramente”.
Días antes, Trump había declarado que Estados Unidos destruiría Pickaxe Mountain, aunque también sostuvo que no observaba actividad nuclear comprobada en el lugar. Esa aparente contradicción refleja la diferencia entre las sospechas derivadas de imágenes satelitales, los informes reservados de inteligencia y la prueba necesaria para confirmar que el complejo ya se encuentra produciendo uranio enriquecido.
Pickaxe Mountain comenzó a adquirir mayor relevancia después de los ataques sufridos por Natanz. El complejo posee varios accesos y dos grandes sistemas de túneles excavados profundamente bajo roca sólida. Algunas evaluaciones sitúan sus sectores principales entre 90 y 140 metros debajo de la superficie, una profundidad que podría superar la capacidad de penetración de las bombas antibúnker convencionales y complicar incluso el empleo de las armas más potentes del arsenal estadounidense.
La instalación nunca fue inspeccionada por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y su finalidad exacta continúa sin establecerse públicamente. Expertos han considerado que podría ser utilizada para fabricar centrifugadoras, almacenar equipos, proteger material sensible o instalar una planta clandestina de enriquecimiento. Irán sostiene que su programa nuclear tiene objetivos pacíficos y no reconoció que el complejo albergue una operación nuclear activa.
Las imágenes satelitales analizadas durante 2026 mostraron actividad de maquinaria pesada, vertido de hormigón y trabajos destinados a reforzar o extender las entradas. En febrero se observaron camiones, excavadoras, grúas y hormigoneras en dos de los accesos principales. Imágenes posteriores indicaron que algunos portales orientales fueron parcialmente cubiertos con tierra y roca, una medida compatible con el endurecimiento defensivo del complejo frente a ataques.
La presentación israelí también buscaría determinar cuánto uranio altamente enriquecido conserva Irán, dónde fue almacenado después de los ataques y si Teherán mantiene suficientes componentes para reconstruir rápidamente una cadena de producción. Netanyahu sostiene desde hace años que la combinación de uranio enriquecido, centrifugadoras avanzadas, conocimientos de armamentización y misiles de largo alcance constituye una amenaza existencial para Israel.
El Gobierno israelí afirmó oficialmente que no permitirá que Irán reconstruya su industria de misiles balísticos ni reactive su programa nuclear. Netanyahu declaró en marzo que Israel continuaba atacando capacidades nucleares y misilísticas iraníes, incluso mientras Trump exploraba la posibilidad de utilizar los resultados militares para alcanzar un acuerdo que protegiera los intereses de ambos países.
Para Jerusalén, cualquier entendimiento deberá incluir inspecciones intrusivas, acceso a instalaciones no declaradas, control del inventario de centrifugadoras y garantías verificables sobre el uranio enriquecido. Israel también exige que Irán no pueda utilizar negociaciones diplomáticas para ganar tiempo, reconstruir túneles o dispersar equipos hacia emplazamientos difíciles de detectar.
Washington enfrenta una decisión más amplia. Un ataque contra Pickaxe Mountain podría sellar accesos, destruir instalaciones externas o retrasar las operaciones, pero no existe certeza pública de que las bombas disponibles puedan destruir completamente túneles ubicados a más de cien metros bajo la montaña. Especialistas advierten además que bombardear una instalación sin conocer con precisión su contenido podría dispersar material, enterrar pruebas o empujar el programa iraní hacia una clandestinidad todavía mayor.
La reunión tendrá lugar mientras Estados Unidos e Irán mantienen una pausa temporal en sus ataques y mediadores intentan recuperar negociaciones sobre el programa nuclear y la navegación por el estrecho de Ormuz. Israel teme que una tregua permita a Teherán reorganizar sus instalaciones, proteger el material sobreviviente y presentar como concesión diplomática una suspensión temporal de actividades que podría revertir más adelante.
Netanyahu intentará convencer a Trump de que la amenaza no desapareció con los bombardeos sobre las instalaciones conocidas. La localización de las centrifugadoras, el destino del uranio enriquecido y la verdadera función de Pickaxe Mountain serán los elementos centrales de una presentación destinada a definir si Estados Unidos mantiene la presión militar, exige un nuevo régimen de inspecciones o autoriza un ataque contra el complejo subterráneo.
Fuentes consultadas: Oficina del Primer Ministro de Israel, Parlamento de Israel, Casa Blanca, Reuters, Associated Press, The Wall Street Journal, The Times of Israel, The Times, ABC News, Instituto para la Ciencia y la Seguridad Internacional y medios israelíes.





