Brasilia – 28 Julio 2026 – Total News Agency – TNA-. El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva profundizó la cooperación estratégica y militar de Brasil con el Reino Unido mediante un acuerdo que contempla transferencia de tecnología, entrenamiento de efectivos, ejercicios conjuntos, intercambio de información y desarrollo de capacidades industriales, pese a que Londres mantiene ocupadas las Islas Malvinas, sostiene allí una poderosa base militar y se niega a negociar la soberanía con la Argentina.
La denominada Asociación Estratégica Reino Unido–Brasil 2026-2030 fue firmada el 26 de marzo en Cernay-la-Ville, Francia, por el canciller brasileño, Mauro Vieira, y la secretaria británica de Relaciones Exteriores, Yvette Cooper, durante una reunión de ministros del G7.
El documento oficial no fue suscripto por el ministro de Defensa brasileño, José Múcio Monteiro, pero su cartera tendrá intervención directa en la ejecución del capítulo militar, que coloca a las Fuerzas Armadas de Brasil en una relación de cooperación más estrecha con las del país que mantiene una presencia colonial y militar permanente en territorio argentino y latinoamericano.
El entendimiento eleva el vínculo bilateral al rango de asociación estratégica y amplía una cooperación de defensa iniciada formalmente en 2010 y profundizada en febrero de 2024 mediante el Defence Capability Collaboration Arrangement —DCCA—.
Brasil y el Reino Unido acordaron aumentar las oportunidades de formación militar, desarrollar capacidades tecnológicas e industriales, ampliar la investigación en defensa, fortalecer la cooperación espacial, organizar ejercicios conjuntos e incrementar los intercambios entre sus Fuerzas Armadas.
El texto también contempla cooperación doctrinaria, intercambio de información sobre transporte marítimo mercante y la realización periódica de un diálogo político-militar en formato “2+2”, con participación de las áreas diplomáticas y de defensa de ambos países.
La asociación incorpora mecanismos de intercambio de información entre fuerzas de seguridad y agencias especializadas, cooperación en ciberseguridad, inteligencia marítima, combate contra el narcotráfico, flujos financieros ilícitos, tráfico de personas, delitos ambientales y crimen organizado.
La amplitud del acuerdo permite a Londres aumentar su presencia política, tecnológica, industrial y militar en el principal país de América del Sur, acceder a información estratégica regional y consolidar vínculos con las Fuerzas Armadas brasileñas.
Para Brasil, el convenio abre oportunidades de capacitación, tecnología, financiamiento y negocios para su industria de defensa. Ese beneficio económico y militar fue colocado por el gobierno de Lula por encima de la necesidad de mantener una política latinoamericana coherente frente a la ocupación británica de las Malvinas.
El acuerdo expone una contradicción difícil de disimular: Brasil afirma respaldar los derechos soberanos de la Argentina, pero al mismo tiempo fortalece militarmente a la potencia que ocupa las islas, explota recursos naturales en el área disputada y mantiene una base de proyección estratégica en el Atlántico Sur.
Las Islas Malvinas pertenecen a la Argentina, forman parte del territorio latinoamericano y están ocupadas por una potencia extracontinental desde 1833. Por esa razón, la cooperación militar entre Brasil y el Reino Unido no puede ser observada como un convenio bilateral aislado de la disputa territorial y de la presencia militar británica en la región.
El 30 de junio, apenas tres meses después de la firma del acuerdo con Londres, Lula y los demás mandatarios y representantes del Mercosur reiteraron en Asunción su respaldo a los “legítimos derechos” argentinos sobre las Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.
La declaración regional reclamó una solución conforme con las resoluciones de las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos y otros organismos multilaterales. También recordó los 61 años de la Resolución 2065 de la Asamblea General de la ONU, que reconoció la existencia de una disputa de soberanía e instó a la Argentina y al Reino Unido a negociar.
El respaldo diplomático quedó debilitado por una decisión concreta adoptada en sentido contrario. Mientras Brasil firma declaraciones de solidaridad con Buenos Aires, concede al Reino Unido cooperación en áreas militares sensibles que pueden contribuir al desarrollo general de las capacidades de la potencia ocupante.
El apoyo brasileño a la posición argentina tiene una larga trayectoria. Brasil sostuvo durante décadas que la ocupación iniciada en 1833 constituye una controversia colonial pendiente y ratificó esa posición en declaraciones bilaterales, reuniones del Mercosur, la Unasur, la CELAC, la OEA y la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur.
En 2023, durante el relanzamiento de la alianza estratégica argentino-brasileña, Lula se comprometió expresamente a continuar apoyando los derechos de la Argentina. El documento conjunto incluyó a las Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y sus espacios marítimos como parte de esa política permanente.
La nueva asociación militar demuestra, sin embargo, que el apoyo brasileño encuentra un límite cuando entra en conflicto con sus intereses tecnológicos, industriales y financieros. Brasilia mantiene el respaldo discursivo a la Argentina, pero avanza simultáneamente en una relación de defensa privilegiada con Londres.
La posición latinoamericana no se limitó históricamente a declaraciones. En diciembre de 2011, los países del Mercosur y sus asociados acordaron impedir el ingreso a sus puertos de buques que enarbolaran la bandera británica impuesta en las Islas Malvinas.
Brasil, Chile y Uruguay ratificaron posteriormente que conservarían esa política ante las presiones diplomáticas británicas. La decisión buscaba evitar que los puertos latinoamericanos ofrecieran asistencia a embarcaciones vinculadas con la ocupación y la explotación económica del archipiélago.
La CELAC extendió el respaldo al conjunto de América Latina y el Caribe, mientras la Unasur rechazó las actividades británicas de exploración y explotación de recursos naturales en la plataforma continental argentina.
Los países integrantes de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur también expresaron preocupación por la militarización británica, la realización de ejercicios y la presencia de armamento sofisticado en una región que debería permanecer libre de conflictos y despliegues extracontinentales.
El acuerdo Brasil–Reino Unido no viola formalmente una prohibición regional específica, porque los compromisos latinoamericanos no impidieron expresamente comprar armamento británico o realizar intercambios militares. Esa ausencia jurídica no elimina la contradicción política y estratégica.
Brasil podría haber incluido una cláusula que excluyera de la cooperación cualquier actividad, información, tecnología o ejercicio relacionado con las Malvinas y el Atlántico Sur. No lo hizo.
El documento tampoco contiene una reserva que impida que los conocimientos, tecnologías, capacidades espaciales, sistemas de inteligencia marítima o intercambios doctrinarios sean aprovechados directa o indirectamente por las estructuras militares británicas vinculadas con la región.
La falta de una salvaguarda expresa resulta particularmente grave porque el Reino Unido mantiene en las islas el complejo militar de Monte Agradable, efectivos permanentes, aviones de combate, radares, sistemas de defensa aérea, instalaciones navales y capacidad para controlar amplias áreas del Atlántico Sur.
Desde Monte Agradable, Londres puede proyectar poder militar sobre rutas marítimas, espacios pesqueros, zonas con potencial hidrocarburífero y accesos hacia la Antártida. La base no cumple únicamente una función defensiva para los habitantes implantados en las islas: forma parte de la arquitectura estratégica global británica.
En 2011, los presidentes del Mercosur calificaron la presencia militar británica como contraria a la política regional de solución pacífica. También rechazaron los ejercicios militares y la explotación unilateral de recursos en las áreas disputadas.
Quince años después, Brasil avanza en ejercicios conjuntos, cooperación espacial, inteligencia marítima y transferencia de tecnología con esa misma potencia, sin exigir públicamente una reducción de la militarización ni la reapertura de negociaciones con Buenos Aires.
El convenio no autoriza explícitamente la utilización de bases brasileñas para abastecer a la guarnición británica en Malvinas. Tampoco menciona operaciones conjuntas en las proximidades del archipiélago. Sin embargo, la cooperación de largo plazo fortalece el vínculo institucional entre las Fuerzas Armadas británicas y brasileñas y normaliza la presencia militar del Reino Unido en el espacio sudamericano.
Durante la guerra de 1982, Brasil adoptó una posición favorable al reclamo argentino y negó apoyo militar directo a Londres. Incluso retuvo temporalmente un bombardero británico que debió aterrizar en Río de Janeiro, aunque finalmente permitió su partida sin armamento.
La posición brasileña de entonces respondió al principio de que una potencia europea no debía utilizar territorio o infraestructura regional para sostener operaciones contra un país latinoamericano. El acuerdo actual se aleja de aquel criterio al convertir al Reino Unido en un socio prioritario de defensa.
La política regional de no colaboración con la ocupación británica fue perdiendo eficacia con el paso del tiempo. El cierre de puertos a buques con bandera de las islas aumentó el aislamiento diplomático de la administración colonial, pero no impidió que Londres mantuviera relaciones militares y tecnológicas con países sudamericanos.
Chile sostuvo durante décadas una cooperación relevante con el Reino Unido; Uruguay autorizó escalas y servicios a embarcaciones británicas que provocaron reclamos argentinos; y Brasil continuó adquiriendo equipamiento y desarrollando contactos con Londres mientras reiteraba su respaldo formal a la soberanía argentina.
La fragmentación regional, la desaparición práctica de la Unasur y los cambios de orientación política redujeron la capacidad latinoamericana para establecer una política común frente a la ocupación.
Esa debilidad fue aprovechada por Londres, que consolidó vínculos bilaterales con los países vecinos de la Argentina y evitó que el reclamo por Malvinas se convirtiera en una limitación real para sus intereses comerciales, militares y tecnológicos.
El acuerdo con Brasil se inscribe dentro de esa estrategia. El Reino Unido obtiene acceso al mercado de defensa brasileño, profundiza su presencia institucional y gana un socio estratégico en una región donde enfrenta un cuestionamiento permanente por la ocupación de las islas.
La asociación contempla además garantías de crédito británicas por hasta 5.400 millones de libras para estimular comercio e inversiones. La cooperación militar aparece integrada con incentivos económicos que ofrecen a Brasil razones concretas para evitar confrontaciones con Londres por Malvinas.
El intercambio bilateral alcanzó 13.300 millones de libras durante 2025. Ese volumen económico permite comprender por qué el gobierno brasileño priorizó una asociación con el Reino Unido, aun a costa de debilitar su proclamado compromiso con la posición argentina.
La Organización de Estados Americanos continúa reclamando la reanudación de las negociaciones. En 2025 volvió a aprobar una declaración en favor de una solución pacífica, mientras Londres mantuvo su negativa a discutir la soberanía.
El gobierno británico sostiene que la cuestión fue resuelta mediante la voluntad de los habitantes de las islas. La Argentina rechaza ese argumento porque la población británica fue implantada después de la ocupación de 1833 y la Resolución 2065 considera el caso una disputa colonial especial entre dos Estados.
Brasil conoce esos antecedentes, reconoce la existencia de la disputa y apoya formalmente la posición argentina. Pese a ello, optó por ampliar la cooperación militar sin incorporar una sola cláusula pública destinada a proteger los intereses argentinos o a impedir que el acuerdo beneficie la presencia británica en el Atlántico Sur.
La Cancillería argentina no informó si reclamó explicaciones a Brasil, si pidió conocer los anexos militares del acuerdo o si exigió garantías de que la cooperación no alcanzará directa o indirectamente a la guarnición británica de Malvinas.
El silencio argentino permite que Londres profundice sus vínculos militares en la región sin afrontar costos diplomáticos, mientras Brasil conserva el beneficio de presentarse como defensor de la soberanía argentina en los foros internacionales y, al mismo tiempo, como socio estratégico de la potencia ocupante.





