El exdirector del Mossad Yossi Cohen reveló que agentes israelíes “recorrieron muchas veces” la instalación nuclear subterránea de Fordow para conocer su funcionamiento y características, una afirmación que expone hasta qué punto Israel había penetrado el programa atómico iraní antes del bombardeo estadounidense de junio de 2025. Cohen, que dirigió el servicio entre 2016 y 2021, aseguró que el ataque de Estados Unidos contra la planta fue “la realización de todos mis sueños”. Fordow, excavada dentro de una montaña cerca de Qom, fue durante años uno de los objetivos más difíciles de alcanzar del dispositivo nuclear de Teherán y requirió el empleo de bombarderos furtivos B-2 y bombas antibúnker GBU-57.
Jerusalén – 12 Agosto 2026 – Total News Agency – TNA.- El exdirector del Mossad Yossi Cohen sorprendió al revelar públicamente que la inteligencia israelí tuvo acceso repetido a la instalación nuclear iraní de Fordow, uno de los complejos más sensibles y protegidos de Irán, construido bajo una montaña al sur de Teherán y durante años considerado prácticamente inaccesible para un ataque convencional.
“Recorrimos muchas veces el sitio nuclear de Fordow para comprenderlo”, afirmó Cohen durante el Foro de Galilea, celebrado en Safed, sin precisar cuándo se realizaron esas incursiones, cuántos agentes participaron ni de qué manera lograron acceder a una de las instalaciones militares y nucleares más custodiadas del régimen iraní.
La frase fue reproducida por varios medios israelíes, aunque algunos remarcaron que Cohen no aclaró si hablaba literalmente de agentes físicamente dentro de la planta o de operaciones de reconocimiento desarrolladas mediante otros métodos de inteligencia. El exjefe del Mossad, sin embargo, utilizó una expresión inequívocamente gráfica al señalar que “recorrieron” Fordow “muchas veces”, y fuentes israelíes interpretaron sus dichos como una nueva demostración del nivel de penetración alcanzado por el servicio secreto dentro de Irán.
La confesión adquiere una dimensión especial porque Fordow fue durante años uno de los principales problemas operativos para Israel. La instalación se encuentra profundamente enterrada dentro de una montaña próxima a la ciudad santa de Qom, protegida por decenas de metros de roca y diseñada precisamente para resistir bombardeos aéreos. Allí Irán desarrolló actividades de enriquecimiento de uranio mediante centrifugadoras avanzadas, bajo supervisión parcial del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
Cohen agregó que el bombardeo estadounidense de junio de 2025 representó para él “la realización de todos mis sueños”, una declaración que permite dimensionar cuánto tiempo Israel consideró a Fordow como un objetivo prioritario y cuánto trabajo previo dedicaron sus servicios de inteligencia a estudiar la estructura.
El ataque se produjo durante la guerra de 12 días entre Israel e Irán en junio de 2025, cuando Estados Unidos intervino directamente y golpeó simultáneamente las instalaciones nucleares de Fordow, Natanz e Isfahán. El operativo estadounidense, denominado Midnight Hammer, empleó bombarderos furtivos B-2 Spirit y catorce bombas GBU-57 Massive Ordnance Penetrator, municiones de aproximadamente 13.600 kilos diseñadas específicamente para penetrar instalaciones subterráneas fortificadas.
El Departamento de Defensa de Estados Unidos reveló posteriormente que especialistas estadounidenses habían estudiado Fordow durante cerca de quince años y que el desarrollo de la GBU-57 estuvo íntimamente relacionado con la necesidad de disponer de un arma capaz de alcanzar instalaciones enterradas a gran profundidad. Según el Pentágono, las bombas funcionaron según lo previsto y provocaron daños severos en los objetivos atacados.
El OIEA, por su parte, informó después del ataque que esperaba daños “muy significativos” en las áreas subterráneas de Fordow, aunque durante los primeros días no pudo determinar con precisión el grado de destrucción debido a la profundidad de las instalaciones y a la imposibilidad de ingresar inmediatamente al complejo. El organismo confirmó además que no se registraron aumentos de radiación fuera del sitio.
Las palabras de Cohen vuelven a poner bajo la lupa la extraordinaria penetración que el Mossad consiguió durante años dentro de las estructuras de seguridad iraníes. En 2018, agentes israelíes ingresaron a un depósito secreto en Teherán y sustrajeron decenas de miles de documentos y archivos digitales vinculados con el programa nuclear iraní, una operación que luego fue presentada públicamente por el primer ministro Benjamin Netanyahu.
El propio Cohen reconoció después de abandonar el Mossad que había tenido conocimiento detallado de operaciones clandestinas dentro de Irán, incluidas acciones contra instalaciones nucleares y el seguimiento durante años del científico Mohsen Fakhrizadeh, asesinado en 2020 y considerado por Israel uno de los principales responsables del programa nuclear militar iraní.
El exjefe del servicio explicó también que Israel conocía la existencia y naturaleza de Fordow al menos desde 2010. En una entrevista televisiva emitida este año señaló que el Mossad llegó a diseñar una operación de enorme complejidad para actuar contra la instalación, un plan que habría requerido decenas de agentes, una coordinación excepcional y mecanismos para extraerlos posteriormente de territorio iraní. Finalmente aquella opción fue archivada y la planificación se orientó hacia una eventual operación militar aérea.
Durante su intervención en Safed, Cohen también se refirió al uranio enriquecido al 60% acumulado por Irán y sostuvo que ese nivel todavía se encontraba “lejos de una bomba”. La afirmación generó debate porque especialistas nucleares han advertido que, una vez alcanzado ese grado de enriquecimiento, el salto técnico necesario para llegar al aproximadamente 90% utilizado en armamento puede realizarse mucho más rápidamente que las etapas anteriores.
La Agencia Internacional de Energía Atómica había informado antes de la guerra que Irán poseía varios cientos de kilos de uranio enriquecido al 60%, una concentración muy superior a la utilizada normalmente en reactores civiles. Después de los bombardeos de 2025 quedó abierta durante meses la discusión sobre cuánto material sobrevivió, qué parte pudo haber sido trasladada antes de los ataques y cuál era la capacidad real de Teherán para reconstruir su infraestructura nuclear.
La trayectoria de Yossi Cohen explica además la relevancia política de sus declaraciones. Dirigió el Mossad entre 2016 y 2021, fue anteriormente asesor de Seguridad Nacional de Netanyahu y desempeñó un papel importante en las negociaciones que desembocaron en los Acuerdos de Abraham, mediante los cuales Israel normalizó relaciones con Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y posteriormente Marruecos.
Sus recientes intervenciones públicas alimentaron además las especulaciones sobre una eventual carrera política. Después de abandonar la inteligencia, Cohen comenzó a pronunciarse con mayor frecuencia sobre seguridad, Irán y el futuro político israelí, aunque hasta ahora no formalizó una candidatura.
La revelación sobre Fordow incorpora ahora una pieza excepcional a la historia de la guerra clandestina entre Israel e Irán: durante años, mientras Teherán presentaba aquella montaña como una de las fortalezas inexpugnables de su programa nuclear, el jefe del Mossad afirma que la inteligencia israelí ya la había estudiado desde adentro o, como mínimo, a una distancia operacional que le permitió conocerla con un grado de detalle suficiente para preparar futuros escenarios de ataque.
El bombardeo estadounidense de junio de 2025 terminó resolviendo militarmente un problema que Israel llevaba más de una década estudiando, pero las palabras de Cohen revelan que mucho antes de que los B-2 aparecieran sobre Irán, Fordow ya había sido objeto de una penetración de inteligencia mucho más profunda de lo que hasta ahora se había reconocido públicamente.





