Arabia Saudita cerró temporalmente el oleoducto Este-Oeste después de un ataque con drones que, según reconoció Bagdad, fue lanzado desde la provincia iraquí de Maysan. La infraestructura transporta hasta 5 millones de barriles diarios desde Abqaiq hasta Yanbu y se convirtió en la principal vía saudí para esquivar el bloqueo de Ormuz. El ataque llega apenas un día después de que los hutíes tomaran posiciones estratégicas en Bab el-Mandeb, estrechando todavía más las alternativas energéticas del Golfo.
Riad – 12 Septiembre 2026 – Total News Agency – TNA- Un ataque con drones lanzados desde territorio iraquí obligó a Arabia Saudita a cerrar temporalmente el estratégico oleoducto Este-Oeste, una de las infraestructuras energéticas más sensibles del reino y pieza central del dispositivo diseñado para transportar crudo hacia el Mar Rojo sin atravesar el estrecho de Ormuz.
El ataque afectó estaciones de bombeo ubicadas en las regiones de Riad y Medina y provocó incendios, daños materiales y personas heridas. Un análisis inicial citado por funcionarios estadounidenses y respaldado por imágenes satelitales mostró daños severos por fuego en al menos una instalación, mientras otra estación también habría registrado un incendio menor.
La gravedad del episodio aumentó cuando el propio Gobierno de Irak confirmó que los drones habían partido desde la provincia meridional de Maysan, fronteriza con Irán. El primer ministro iraquí, Ali Faleh al-Zaidi, destituyó al comandante de operaciones de la provincia, removió posteriormente al jefe policial local, ordenó investigaciones sobre responsables de seguridad y dispuso medidas adicionales en pasos fronterizos con Irán.
Bagdad condenó el ataque y aseguró que no permitirá que su territorio sea utilizado para agredir a países vecinos. Arabia Saudita, por su parte, optó inicialmente por no responder militarmente y manifestó su intención de respaldar los esfuerzos iraquíes para identificar y neutralizar a los responsables. El Consejo de Cooperación del Golfo calificó el episodio como una escalada peligrosa contra la seguridad saudí.
El objetivo elegido no fue casual. El oleoducto Este-Oeste, conocido también como Petroline, recorre unos 1.200 kilómetros desde la zona petrolera de Abqaiq, próxima al Golfo Pérsico, hasta el puerto de Yanbu, sobre el Mar Rojo. Su capacidad normal ronda los 5 millones de barriles diarios y puede ampliarse temporalmente hasta unos 7 millones, convirtiéndolo en la principal vía terrestre saudí para evitar Ormuz.
La importancia del sistema creció exponencialmente durante 2026. El estrecho de Ormuz, por donde antes de la actual crisis circulaban alrededor de 20,9 millones de barriles diarios, quedó severamente restringido por el enfrentamiento con Irán. La Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) estima que Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos poseen en conjunto cerca de 4,7 millones de barriles diarios de capacidad efectiva para desviar petróleo por ductos y evitar ese paso marítimo.
El East-West fue precisamente la pieza que permitió a Riad aumentar sus exportaciones desde Yanbu. Durante el segundo trimestre de 2026, el flujo de petróleo y líquidos a través de Bab el-Mandeb alcanzó unos 8,1 millones de barriles diarios, frente a 5,4 millones a fines de 2025, en buena medida porque Arabia Saudita estaba redirigiendo crudo desde el Golfo hacia el Mar Rojo por el oleoducto ahora atacado.
El problema para Riad es que esa salida alternativa también comenzó a deteriorarse.
Apenas un día antes del ataque, los hutíes de Yemen, respaldados por Irán, capturaron la isla de Mayyun o Perim, ubicada en pleno estrecho de Bab el-Mandeb, además de avanzar sobre Mokha y otras posiciones de la costa del Mar Rojo. El grupo ya advirtió que la navegación sería segura para todos salvo para los buques saudíes.
Arabia Saudita enfrenta así una amenaza simultánea sobre los tres elementos que sostienen su capacidad de exportación: Ormuz, su bypass terrestre hacia Yanbu y, finalmente, Bab el-Mandeb, puerta de salida del Mar Rojo hacia el Índico.
La combinación modifica sustancialmente la ecuación energética mundial. El oleoducto Este-Oeste había sido concebido precisamente para garantizar continuidad exportadora en caso de crisis en Ormuz. Si esa infraestructura queda expuesta a drones provenientes de Irak mientras los hutíes amenazan la salida por el Mar Rojo, la capacidad saudí para redirigir millones de barriles se vuelve mucho más vulnerable.
El ataque también vuelve a colocar bajo la lupa a las milicias iraquíes vinculadas con Teherán. Arabia Saudita acusa desde hace años a grupos armados proiraníes asentados en Irak de participar en acciones contra infraestructura energética del reino. Associated Press informó esta semana que funcionarios regionales detectan una coordinación creciente entre milicias iraquíes y los hutíes, dentro de una red de presión sobre aliados de Washington en el Golfo.
Irán rechaza dirigir esos ataques, aunque mantiene relaciones políticas, militares y logísticas con varias de esas organizaciones. La decisión iraquí de investigar plataformas de lanzamiento de drones próximas a la frontera iraní y aceptar incluso una investigación conjunta con Teherán muestra el grado de sensibilidad alcanzado por el episodio.
El impacto económico ya se refleja en un mercado que venía extremadamente tensionado. El petróleo superó esta semana los US$100 por barril, mientras las interrupciones regionales redujeron capacidad exportadora, elevaron los fletes y obligaron a rediseñar rutas marítimas mucho más costosas.
La vulnerabilidad saudí no depende solamente de la cantidad de petróleo que pueda seguir produciendo, sino de cuántos barriles puede sacar físicamente del país. Esa diferencia se convirtió en el centro de la crisis.
Hasta ahora, Riad había logrado amortiguar el bloqueo de Ormuz utilizando el Petroline y Yanbu. El ataque lanzado desde Irak golpeó justamente ese mecanismo de contingencia, mientras la ofensiva hutí amenaza la puerta marítima que completa el trayecto.
La crisis energética del Golfo entra así en una fase más peligrosa: ya no se trata únicamente de cerrar un estrecho, sino de atacar también las rutas creadas para evitarlo. Y cuando los corredores alternativos comienzan a convertirse en blancos militares, el precio del petróleo deja de depender sólo de cuánto crudo existe y pasa a depender, cada vez más, de si puede llegar al mercado.
Fuentes consultadas: Reuters; Associated Press; U.S. Energy Information Administration (EIA); Gobierno de Irak; Ministerio de Relaciones Exteriores de Arabia Saudita; Saudi Gazette; EFE; CNN Arabic; antecedentes sobre el oleoducto Este-Oeste, el estrecho de Ormuz y Bab el-Mandeb.
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