Por RR
La inteligencia británica calcula que alrededor de 500.000 militares rusos murieron desde el comienzo de la invasión a gran escala y que las bajas totales —muertos y heridos— se aproximan a 1,5 millones. El jefe de las Fuerzas Armadas británicas, Sir Richard Knighton, sostiene que semejante sacrificio permitió a Moscú ampliar apenas en torno de dos puntos porcentuales el territorio ucraniano que controla desde comienzos de 2023. Mientras el Kremlin insiste en que mantiene la iniciativa, la inteligencia ucraniana asegura que Rusia prepara una nueva movilización de hasta 600.000 hombres para sostener una guerra que ya lleva más de cuatro años y medio.
Londres – 12 Septiembre 2026 – Total News Agency – TNA- La guerra que Vladimir Putin imaginó inicialmente como una operación capaz de someter rápidamente a Ucrania se transformó en una gigantesca trituradora humana: los servicios de inteligencia británicos estiman que cerca de 500.000 militares rusos murieron desde febrero de 2022 y que, sumando muertos y heridos, las bajas acumuladas de Moscú se aproximan a 1,5 millones de efectivos, un costo extraordinario frente al limitado avance territorial obtenido durante los últimos años. El director del GCHQ, la agencia británica de inteligencia de señales, confirmó recientemente que la evaluación de Londres sitúa las muertes rusas cerca del medio millón y describió a unas fuerzas armadas sometidas a una presión creciente.
El jefe profesional de las Fuerzas Armadas del Reino Unido, el mariscal jefe del Aire Sir Richard Knighton, viene utilizando precisamente esa relación entre bajas y territorio para cuestionar el relato de una victoria rusa inevitable. La evaluación británica sostiene que, después de estabilizarse aproximadamente las líneas del frente a finales de 2022, Moscú consiguió avances territoriales porcentualmente pequeños pese a lanzar ofensivas sucesivas y consumir enormes cantidades de personal, municiones y vehículos. Ya en noviembre de 2025, Londres calculaba que Rusia había ganado apenas 1,1% adicional del territorio ucraniano desde la estabilización del frente, después de sufrir más de un millón de bajas; durante 2025, según otra evaluación oficial británica, perdió alrededor de 420.000 hombres entre muertos y heridos para conquistar aproximadamente 0,8% adicional de Ucrania.
La cifra de 500.000 muertos debe leerse como una estimación de inteligencia y no como un registro nominal comprobado. El Kremlin no publica datos completos y actualizados sobre sus pérdidas y mantiene un fuerte control sobre la información militar. Una investigación independiente de Mediazona, realizada junto con BBC Russian y voluntarios mediante avisos funerarios, publicaciones familiares, medios regionales y registros oficiales locales, mantiene una lista mucho menor de fallecidos identificados por nombre, pero advierte expresamente que ese conteo es incompleto. Al 11 de septiembre había podido confirmar, entre otros datos, la muerte de 7.656 oficiales, mientras el proyecto utiliza adicionalmente registros sucesorios y exceso de mortalidad masculina para aproximarse al verdadero impacto humano de la guerra.
La diferencia entre ambas cifras no implica necesariamente una contradicción: una contabiliza únicamente muertes individualmente verificables en fuentes abiertas y la otra constituye una estimación de inteligencia destinada a incorporar fallecimientos nunca publicados, desaparecidos y otras categorías que no aparecen inmediatamente en registros públicos. Lo que coinciden en mostrar ambas metodologías es una sangría militar sin precedentes para Rusia desde la Segunda Guerra Mundial.
El costo adquiere una dimensión todavía mayor cuando se compara con el resultado estratégico. Moscú controla cerca de una quinta parte de Ucrania, pero una parte importante de ese territorio —Crimea y sectores del Donbass— ya estaba bajo ocupación rusa o de fuerzas respaldadas por Rusia antes de la invasión general del 24 de febrero de 2022. Después de los grandes movimientos territoriales del primer año y de las contraofensivas ucranianas de 2022, el frente se convirtió en una guerra de desgaste en la que decenas de miles de soldados pueden perder la vida para conquistar algunos kilómetros de pueblos destruidos y campos devastados.
El caso de Pokrovsk sintetiza esa lógica. El Gobierno británico sostuvo que durante determinados períodos Rusia necesitó más de un año y alrededor de 100.000 bajas para avanzar apenas unos 15 kilómetros en dirección a la ciudad, pagando un costo humano y material desproporcionado por territorios cuya infraestructura había quedado en gran medida destruida durante los combates.
Putin, sin embargo, mantiene públicamente un discurso completamente diferente. El 1 de septiembre afirmó que Rusia continúa ganando sobre el campo de batalla, aseguró que sus tropas habían conseguido nuevos avances en Donetsk y descartó que el país esté preparando una nueva movilización masiva, calificando esas versiones como una “información absurda” o una operación destinada a atacar políticamente a Rusia.
La inteligencia ucraniana sostiene exactamente lo contrario. El GUR y el Servicio de Inteligencia Exterior de Ucrania aseguran que el Estado Mayor ruso preparó un escenario para incorporar 600.000 efectivos adicionales entre 2026 y 2027, distribuidos en aproximadamente 300.000 hombres por año. La hipótesis sería utilizar el grueso de esos reclutas para recompletar unidades castigadas en Ucrania y formar nuevas estructuras militares, en momentos en que el reclutamiento voluntario comienza a mostrar dificultades para compensar las pérdidas.
Según esa misma evaluación, Rusia habría sufrido aproximadamente 240.000 bajas entre enero y julio de 2026, de las cuales al menos 140.000 serían “irrecuperables”, una categoría que puede incluir muertos, desaparecidos, capturados y heridos incapaces de regresar al servicio. Durante ese mismo período, Moscú habría conseguido incorporar mediante contratos aproximadamente 232.000 personas, una relación que ayuda a explicar por qué las agencias ucranianas consideran probable una nueva movilización después de las elecciones a la Duma previstas entre el 18 y el 20 de septiembre.
El Kremlin ya amplió paralelamente los mecanismos coercitivos disponibles. Rusia introdujo citaciones electrónicas, endureció los controles de registro militar y avanzó sobre nuevas categorías de condenados que pueden incorporarse a las fuerzas armadas. Los informes de inteligencia ucranianos señalan además preparativos para imponer a quienes evadan una convocatoria restricciones sobre viajes al exterior, créditos, operaciones inmobiliarias, licencias de conducir y cuentas bancarias. Putin niega que esos preparativos anticipen una nueva movilización, pero el Estado ruso continúa construyendo la infraestructura jurídica y administrativa necesaria para realizarla.
El desgaste no es únicamente humano. Rusia dedica una proporción creciente de su presupuesto a defensa y seguridad, mientras sus ingresos energéticos sufrieron caídas y numerosas refinerías fueron atacadas por drones ucranianos. El Gobierno británico calculó que más del 38% del presupuesto ruso de 2026 está destinado a defensa y seguridad y que los ingresos del petróleo y el gas retrocedieron con fuerza, colocando cada vez más recursos civiles al servicio de una economía de guerra.
A pesar de ello, no hay señales de que Putin haya abandonado sus objetivos políticos fundamentales. Rusia continúa reclamando territorios que ni siquiera controla completamente, exige condiciones sobre el futuro militar de Ucrania y mantiene presión para que Kiev renuncie a sus aspiraciones de integración occidental. Las conversaciones promovidas por Estados Unidos comenzaron a mostrar nuevamente movimiento esta semana y Ucrania prepara una posible reanudación de negociaciones trilaterales en octubre, pero el Donbass continúa siendo uno de los principales puntos de bloqueo: Moscú lo reclama íntegramente aunque todavía no consiguió conquistarlo después de más de cuatro años y medio de guerra.
La dimensión de las pérdidas revela así la contradicción central de la estrategia rusa. Putin puede seguir enviando soldados al frente, ampliar los incentivos económicos, reclutar presos o eventualmente ordenar una nueva movilización, y Rusia conserva una capacidad demográfica e industrial muy superior a la ucraniana. Pero esa ventaja no elimina el dato que comienza a marcar toda la guerra: cientos de miles de familias rusas ya pagaron con muertos y heridos una campaña cuyo avance territorial desde la estabilización del frente se mide en pocos puntos porcentuales. Si el Kremlin termina necesitando otros 600.000 hombres para intentar completar objetivos que no logró con el primer millón y medio de bajas, la pregunta estratégica dejará de ser cuánto territorio puede conquistar Rusia y pasará a ser cuánto tiempo puede sostener políticamente un sistema que necesita reemplazar, año tras año, a los hombres que consume en el frente.
Fuentes consultadas: Ministerio de Defensa del Reino Unido; GCHQ; declaraciones del jefe del Estado Mayor de Defensa británico Sir Richard Knighton; Reuters; Mediazona/BBC Russian; Dirección Principal de Inteligencia de Ucrania (GUR); Servicio de Inteligencia Exterior de Ucrania; Oficina del Presidente de Ucrania; antecedentes oficiales y evaluaciones occidentales sobre las pérdidas rusas y la evolución territorial del conflicto.
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