Madrid-11 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA- El Gobierno de España formalizó la salida de su embajadora en Israel, Ana María Sálomon Pérez, y dejó su representación diplomática en Tel Aviv a nivel de encargado de negocios, una decisión publicada en el Boletín Oficial del Estado y que refleja el profundo deterioro de las relaciones entre Madrid y el gobierno de Benjamin Netanyahu.
La medida implica que la embajada española en Israel permanecerá sin embajador y será conducida por un encargado de negocios, un rango diplomático inferior que suele utilizarse cuando los vínculos políticos entre dos países atraviesan momentos de tensión. La decisión fue aprobada en el último Consejo de Ministros y formaliza una situación que en la práctica ya se mantenía desde septiembre de 2025, cuando la diplomática había sido llamada a consultas y permanecía en España.
El movimiento diplomático también se interpreta como un gesto de reciprocidad. Israel no tiene embajador en España desde 2024, cuando el gobierno israelí decidió llamar a consultas a su representante en Madrid luego de que España reconociera oficialmente al Estado palestino. Desde entonces, la representación israelí en territorio español está encabezada por la encargada de negocios Dana Erlich, sin que se haya designado un nuevo embajador.
La decisión del gobierno de Pedro Sánchez vuelve a colocar a España en una posición particularmente delicada dentro del tablero diplomático de Oriente Medio, en momentos en que la región atraviesa una de las escaladas militares más graves de los últimos años. La rebaja del nivel diplomático con Israel es interpretada por analistas como un gesto político hacia Jerusalén, pero también abre un debate sobre la coherencia de la política exterior española frente a otros actores del conflicto.
En ese contexto surge una pregunta que comienza a circular con fuerza en ámbitos políticos y diplomáticos europeos: si el gobierno de Sánchez está dispuesto a adoptar una postura igualmente firme frente a Irán, un régimen señalado por su apoyo a organizaciones armadas regionales y por su papel central en la actual crisis en Oriente Próximo.
El interrogante adquiere mayor peso en España debido a las controversias que durante años rodearon a dirigentes de la izquierda vinculados a Podemos, entre ellos su fundador Pablo Iglesias, antiguo socio político del PSOE de Sánchez durante la etapa de gobierno de coalición. La participación de Iglesias en programas emitidos por HispanTV, canal estatal iraní por lo que recibía fuertes sumas de dinero, fue objeto de debate público y alimentó sospechas sobre la cercanía política e ideológica entre sectores de la izquierda española y el régimen de los ayatolás.
Aunque las discusiones sobre supuestos financiamientos políticos procedentes de Irán generaron intensos enfrentamientos políticos y judiciales en España, lo cierto es que la relación mediática y política entre dirigentes de Podemos y estructuras comunicacionales vinculadas al Estado iraní quedó instalada durante años como un tema de controversia en la política española.
Por eso, la salida de la embajadora Sálomon no se interpreta únicamente como una cuestión administrativa o diplomática. Para muchos observadores, el gesto de Madrid hacia Israel reabre inevitablemente el debate sobre la vara con la que el gobierno de Pedro Sánchez mide a los distintos actores del conflicto regional.
La pregunta que ahora comienza a formularse en círculos diplomáticos y políticos europeos es si el Ejecutivo español aplicará el mismo nivel de presión institucional frente a Teherán que el que acaba de ejercer frente a Israel, o si la relación con el régimen iraní continuará transitando por un carril más prudente.
En una región atravesada por la guerra y por la confrontación entre potencias, cada gesto diplomático tiene un peso político evidente. La decisión de España marca una señal clara hacia Israel. Pero también deja abierta una incógnita que, tarde o temprano, el gobierno de Pedro Sánchez deberá responder: si su política exterior está guiada por un criterio uniforme o si el régimen de Irán seguirá siendo una excepción.




