Washington-22 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA-. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, salió este domingo a reforzar públicamente la línea política y militar de la Casa Blanca al asegurar que el presidente Donald Trump está “neutralizando al régimen iraní” y empujando un escenario que, según sostuvo, apunta a devolver la seguridad a Oriente Medio. Con un tono categórico, el funcionario planteó que la actual ofensiva busca impedir que Irán complete el camino hacia una capacidad nuclear militar que, a su entender, estaba peligrosamente cerca de consolidarse.
Desde su cuenta oficial en la red X, y luego en entrevistas televisivas, Bessent afirmó que, de haber contado con “uno o dos años más”, el régimen iraní habría alcanzado un punto en el que resultaría prácticamente imposible bloquear su acceso al arma nuclear. En esa misma línea, remarcó que “no hay prosperidad sin seguridad”, una frase con la que buscó resumir la lógica estratégica del gobierno de Trump frente a la escalada regional.

El jefe del Tesoro norteamericano sostuvo además que la administración republicana considera que la etapa previa estuvo marcada por una “ilusión de seguridad” y no por una verdadera contención de la amenaza iraní. Por eso, defendió la decisión de pasar a una fase más agresiva de presión y operaciones, bajo la premisa de que el costo de no actuar habría sido mucho mayor para Estados Unidos, sus aliados y el equilibrio regional.

En sus apariciones públicas, Bessent insistió en que la Casa Blanca mantiene la iniciativa y que el presidente estadounidense “hará lo que sea necesario” para alcanzar los objetivos trazados en la campaña contra Irán. Al ser consultado sobre si Trump está desescalando o profundizando el conflicto, respondió que ambas cosas no son incompatibles y dejó una definición que resume la visión oficial: “a veces hay que escalar para desescalar”. Con ese argumento, el funcionario procuró mostrar que la presión militar, lejos de contradecir una eventual salida política, sería el instrumento para forzarla.
Dentro de ese esquema, ubicó como eje central la destrucción de las capacidades ofensivas de Teherán. Según su descripción, la campaña encabezada por Trump, junto al jefe del Pentágono, Pete Hegseth, y el titular del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, está orientada a demoler las posiciones fortificadas iraníes a lo largo del estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos más sensibles del planeta para el comercio energético mundial. La apuesta estratégica de Washington es clara: recortar la capacidad iraní de proyectar fuerza, afectar sus sistemas misilísticos y reducir su margen de amenaza sobre la navegación y la infraestructura regional.
Las declaraciones de Bessent también coincidieron con otro dato político relevante: el reconocimiento de que el esfuerzo bélico requerirá respaldo presupuestario adicional. El secretario confirmó que el gobierno norteamericano tiene fondos suficientes para sostener la guerra en lo inmediato, aunque admitió que se busca financiamiento suplementario del Congreso para garantizar abastecimiento militar hacia adelante. Al mismo tiempo, descartó de plano cualquier suba de impuestos para cubrir ese frente.
Así, la intervención pública de Bessent no sólo tuvo un contenido económico, propio de su cargo, sino también un fuerte peso político y geoestratégico. En la visión del funcionario, la presión combinada sobre el aparato militar iraní, su estructura de poder y sus posiciones en Ormuz forma parte de una operación más amplia destinada a quebrar la capacidad de agresión del régimen encabezado por Mojtaba Khamenei. El mensaje que buscó instalar Washington fue inequívoco: la administración Trump pretende mostrar control, decisión y voluntad de avanzar hasta dejar a Irán sin margen real para amenazar a la región ni aspirar a una capacidad nuclear militar.




