Buenos Aires, 31 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- La discusión interna dentro del Gobierno de Javier Milei volvió a tomar volumen político en torno a un punto sensible: cómo debe vincularse la Casa Rosada con los gobernadores para sostener la agenda legislativa, garantizar gobernabilidad y, al mismo tiempo, preparar el terreno electoral rumbo a 2027.
La mesa política oficialista, diseñada por el propio Presidente, debate por estas horas dos estrategias que conviven con dificultad. De un lado aparecen el ministro de Economía, Luis Caputo, y el asesor presidencial Santiago Caputo, partidarios de avanzar hacia acuerdos más amplios con mandatarios provinciales que compartan la agenda de reformas del Gobierno. Del otro lado se ubican la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y los primos Eduardo “Lule” Menem y Martín Menem, quienes prefieren demorar cualquier discusión electoral hasta después del Mundial 2026 y mantener bajo control propio el armado político de La Libertad Avanza.
La diferencia no es menor. El Gobierno no cuenta con gobernadores propios y necesita votos para sostener en el Congreso una agenda que incluye proyectos de fuerte impacto político, económico e institucional. En los últimos días, el Ejecutivo envió nuevas iniciativas, entre ellas el denominado Súper RIGI, la Ley de Lobby, la Ley de Ludopatía y modificaciones al Etiquetado Frontal, como parte de una ofensiva parlamentaria destinada a mostrar gestión en medio de las tensiones internas.
El sector de los Caputo entiende que, sin acuerdos estables con las provincias, el oficialismo corre el riesgo de encontrar un límite legislativo antes de tiempo. La idea que transmiten cerca de ese espacio es que la administración libertaria debe ofrecer previsibilidad y “blindaje político” a todos los gobernadores dispuestos a acompañar la agenda presidencial. En esa mirada, las reformas no pueden depender únicamente de negociaciones caso por caso, porque los mandatarios provinciales también miran su propio futuro electoral y difícilmente acompañen leyes sensibles sin certezas hacia adelante.
La posición choca con el esquema de Karina Milei, quien conserva el control de la lapicera electoral y pretende evitar que las negociaciones legislativas deriven de manera prematura en compromisos provinciales o nacionales para 2027. En el entorno karinista sostienen que todavía falta un año para el inicio formal de la campaña y que muchos gobernadores ni siquiera definieron si desdoblarán o no sus propios calendarios electorales. Para ese sector, abrir ahora la discusión por candidaturas, listas o acuerdos podría debilitar la autoridad de La Libertad Avanza y adelantar una pulseada que conviene administrar con mayor frialdad.
En la práctica, el vínculo con las provincias quedó en manos del ministro del Interior, Diego Santilli, y del armador nacional Lule Menem, dos piezas centrales del dispositivo político que responde a Karina Milei. Ambos vienen manteniendo contactos con gobernadores aliados o dialoguistas, entre ellos Rogelio Frigerio, de Entre Ríos; Alfredo Cornejo, de Mendoza; Leandro Zdero, de Chaco; Raúl Jalil, de Catamarca; y Gustavo Sáenz, de Salta. La lógica oficial es construir apoyos suficientes para aprobar leyes, pero sin entregar de antemano la arquitectura electoral del oficialismo.
El trasfondo es la interna que volvió a exponer las heridas entre Santiago Caputo y los Menem, una disputa que el Gobierno intentó dar por clausurada con reuniones de mesa política y gestos de convivencia institucional, pero que sigue latente en el ecosistema libertario. La tensión ya no pasa sólo por diferencias de estilo o por el control de redes y estructuras digitales: ahora se proyecta sobre decisiones de poder concretas, como la relación con los gobernadores, la construcción de mayorías parlamentarias y el diseño electoral de 2027.
El problema para Milei es que ambas posturas contienen riesgos. Si el Gobierno posterga demasiado las conversaciones políticas con los mandatarios provinciales, puede encontrar resistencia para aprobar reformas clave. Pero si adelanta acuerdos integrales, podría quedar atrapado en compromisos territoriales que condicionen el armado nacional de La Libertad Avanza y reduzcan el margen de maniobra de Karina Milei, figura decisiva en la selección de candidatos.
En la Casa Rosada aseguran que, por ahora, predomina la línea de la hermana del Presidente: avanzar en acuerdos legislativos puntuales, sostener el diálogo con gobernadores funcionales a la agenda oficial y dejar las definiciones electorales para el segundo semestre. Sin embargo, la insistencia del sector de Santiago Caputo en construir una red más amplia de sustentabilidad política revela que la discusión no está cerrada.
El desafío inmediato será conseguir votos para los proyectos enviados al Congreso, en particular aquellos que requieren acompañamiento provincial por su impacto económico y regulatorio. El Súper RIGI, por ejemplo, busca ampliar incentivos para inversiones de gran escala y puede demandar adhesión o respaldo territorial. La Ley de Lobby, en tanto, apunta a ordenar la gestión de intereses y registrar contactos entre funcionarios, legisladores y actores privados, en una discusión que también puede generar resistencias.
La interna libertaria, una vez más, aparece en el peor momento para el Gobierno: cuando necesita mostrar orden, volumen político y capacidad de gestión. Milei logró en otras oportunidades convivir con tensiones internas sin alterar su esquema de poder, pero la disputa por las provincias muestra que el conflicto ya no se limita a los nombres propios. Ahora involucra el método de construcción política del oficialismo y la manera en que el Presidente buscará llegar competitivo a 2027.
En ese tablero, Karina Milei intenta preservar el control electoral, Santiago Caputo empuja por acuerdos de mayor alcance, Luis Caputo necesita respaldo político para sostener la agenda económica y los gobernadores observan con pragmatismo. Saben que el oficialismo requiere sus votos, pero también que el Gobierno todavía no terminó de resolver quién negocia, con qué autoridad y hasta dónde puede comprometerse.





