Lima – 7 de junio de 2026 – Total News Agency – TNA-.Perú celebra este domingo la Segunda Elección Presidencial 2026, un balotaje de alto voltaje político entre Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, postulante de Juntos por el Perú, en una jornada que no sólo definirá quién gobernará entre 2026 y 2031, sino también si el país intenta recuperar orden político por la vía de una agenda de centro-derecha o si vuelve a inclinarse hacia una propuesta de izquierda con promesas de transformación estructural.
Más de 27 millones de peruanos están habilitados para votar en una elección marcada por la polarización, la inseguridad, el hartazgo ciudadano y la fragilidad institucional. Quien gane se convertirá en el décimo presidente peruano en apenas una década, una cifra que expone con crudeza el deterioro del sistema político de un país que alternó destituciones, renuncias, gobiernos débiles y crisis de representación.
La jornada comenzó a las 7:00 y se extenderá hasta las 17:00, con fuerte despliegue de autoridades electorales, fuerzas de seguridad y observadores internacionales. El Jurado Nacional de Elecciones y la Oficina Nacional de Procesos Electorales informaron que el material electoral fue distribuido en los locales de votación, aunque en las primeras horas se registraron demoras en la instalación de mesas por ausencia de miembros titulares y suplentes.
Hacia el mediodía, las autoridades indicaron que más del 88% de las mesas de sufragio ya estaban instaladas en todo el país. Según los datos difundidos, se habían habilitado 79.689 mesas, equivalentes al 88,32% del total, mientras quedaban pendientes 10.534, es decir el 11,68%. La ONPE aclaró que para entregar el material electoral en cada mesa deben estar presentes tres miembros —titulares, suplentes o electores de la fila—, requisito sin el cual no puede iniciarse formalmente el sufragio.
La Misión de Observación Electoral de la Unión Europea sostuvo que, hasta las 10:00, el material había llegado a los centros de sufragio y que los retrasos advertidos se debían principalmente a la falta de miembros de mesa. “No hemos visto nada preocupante. Todo ha ido muy bien”, señalaron sus representantes, en un mensaje destinado a bajar tensiones en un proceso donde cualquier demora puede ser utilizada políticamente por los sectores que anticipan denuncias de irregularidades.
Keiko Fujimori emitió su voto en San Borja, rodeada por una fuerte presencia de prensa nacional e internacional. La candidata evitó realizar declaraciones extensas y se retiró saludando a sus seguidores. Horas antes había participado del tradicional desayuno electoral en un comedor popular de San Juan de Lurigancho, donde pidió a los ciudadanos acudir a votar y remarcó que “cada voto cuenta”. También subrayó la importancia de los personeros de Fuerza Popular para fiscalizar el proceso.
Roberto Sánchez, por su parte, inició la jornada en Huaral, su ciudad natal, junto a su familia. Participó de un desayuno andino con chicharrón y tamal, una postal cuidadosamente trabajada para reforzar su perfil popular y territorial. El candidato de Juntos por el Perú, exministro durante el gobierno de Pedro Castillo, llega al balotaje con respaldo en sectores rurales, votantes de izquierda y parte del electorado antifujimorista.
La elección enfrenta dos visiones antagónicas. Fujimori propone una agenda de orden, seguridad, defensa de la inversión privada, continuidad del modelo económico y fortalecimiento institucional. Su campaña buscó apoyarse en la demanda social de mano dura frente al avance de la delincuencia, uno de los temas que más golpea la vida cotidiana de los peruanos.
Sánchez, en cambio, plantea reformas profundas, cuestiona el modelo económico vigente, propone una nueva Constitución, mayor intervención estatal y cambios en áreas sensibles como minería, recursos naturales y representación de sectores históricamente postergados. Su discurso recoge parte del malestar que llevó a Pedro Castillo al poder en 2021, aunque también carga con el recuerdo de la crisis política que terminó con la caída del expresidente.
El balotaje llega después de una primera vuelta fragmentada, con una ciudadanía cansada de la dirigencia tradicional y con altos niveles de voto disperso, ausentismo y rechazo. Keiko Fujimori obtuvo el primer lugar, mientras Roberto Sánchez logró pasar a la segunda vuelta en una disputa ajustada con otros candidatos, entre ellos Rafael López Aliaga, quien este domingo se mostró junto a Carlos Álvarez y llamó a votar contra la delincuencia, la corrupción y el terrorismo.
En las calles, la jornada también dejó imágenes de fuerte contenido cívico. Una mujer de 96 años acudió a votar en Surco, pese a no estar obligada por ley, y se convirtió en uno de los símbolos del día. En otro local, un ciudadano que llegó con su perrita rescatada, Maya, terminó asumiendo como miembro de mesa voluntario ante la ausencia de los designados, mientras reclamaba mayor responsabilidad ciudadana.
El voto en el exterior también comenzó antes por la diferencia horaria. La participación de peruanos residentes en Oceanía, Asia, Qatar y Emiratos Árabes Unidos fue reportada por la Cancillería y por agencias oficiales, en una elección donde más de un millón de ciudadanos fuera del país también forman parte del padrón.
El trasfondo regional no pasa inadvertido. Si gana Fujimori, Perú podría sumarse con mayor nitidez al giro de derecha que se viene consolidando en parte de América Latina, con énfasis en seguridad, orden público y defensa del mercado. Si se impone Sánchez, la izquierda recuperaría impulso en uno de los países políticamente más inestables de la región, con una agenda que promete revisar las bases económicas e institucionales del país.
Para Perú, sin embargo, el desafío será más profundo que el resultado. El próximo presidente deberá gobernar un país atravesado por la desconfianza, la violencia urbana, la informalidad, la fragmentación parlamentaria y una ciudadanía que ya vio caer demasiados gobiernos. La gran pregunta no es sólo quién ganará este domingo, sino si el ganador tendrá la fortaleza política suficiente para evitar que el país vuelva a quedar atrapado en el círculo de crisis que convirtió a la presidencia peruana en uno de los cargos más inestables de la región.





