Buenos Aires – 29 junio 2026 – Total News Agency – TNA – El empresario farmacéutico Hugo Sigman logró postergar nuevamente su declaración indagatoria en la causa que investiga presuntas irregularidades en la adquisición de vacunas contra el Covid-19 durante la pandemia. La audiencia prevista ante el juez federal Ariel Lijo fue suspendida luego de que la defensa del titular del Grupo Insud presentara un recurso ante la Cámara Federal, en una maniobra procesal que vuelve a correr el calendario judicial de uno de los expedientes más sensibles vinculados a la emergencia sanitaria.:
La decisión de Lijo frena, al menos por ahora, una declaración que había generado fuerte expectativa en Comodoro Py. Sigman debía comparecer para responder por su rol dentro de la trama investigada, que incluye el proceso de compra de vacunas, las demoras en la negociación con Pfizer, el peso de laboratorios privados, la producción local del principio activo de la vacuna de AstraZeneca y los vínculos entre exfuncionarios del gobierno de Alberto Fernández y actores empresarios del sector farmacéutico.
El expediente se activó con fuerza a partir del requerimiento del fiscal federal Carlos Stornelli, quien pidió indagatorias para exfuncionarios, empresarios y asesores sanitarios. Según la fiscalía, la causa busca determinar si durante la pandemia existió una maniobra orientada a favorecer determinados intereses económicos en detrimento de otras alternativas de adquisición de vacunas, en un contexto de emergencia, muertes masivas, restricciones sociales y presión pública por la llegada de dosis.
La investigación alcanza también a la exministra de Salud Carla Vizzotti, al infectólogo Pedro Cahn y a apoderados de distintas compañías vinculadas al proceso de compra y negociación. El eje más delicado es si el Estado argentino retrasó o entorpeció la negociación con Pfizer mientras avanzaba en otros caminos de provisión, entre ellos Sputnik V y AstraZeneca, esta última con participación productiva argentina a través de mAbxience, empresa vinculada a Sigman.
El caso tiene una carga política evidente. Durante la pandemia, el gobierno de Alberto Fernández defendió sus decisiones sanitarias como parte de una estrategia soberana de acceso a vacunas. Pero la oposición denunció demoras, opacidad, preferencias ideológicas y eventuales beneficios a empresarios cercanos al poder. La citación de Sigman a indagatoria reabrió esa discusión con una dimensión judicial que ahora vuelve a quedar demorada por el recurso presentado ante la Cámara.
A ese escenario se suma un dato sensible al que accedió Total News Agency – TNA: Hugo Sigman habría logrado acercamientos al juzgado a partir de la relación de un pariente cercano vinculado a la misma ONG o espacio institucional en el que también aparece relacionado el juez federal Ariel Lijo. La información abre un nuevo plano de análisis sobre los canales informales de influencia que suelen rodear a las grandes causas de Comodoro Py, especialmente cuando están involucrados empresarios de alto poder económico y expedientes de fuerte impacto político.
El dato no modifica la cuestión procesal inmediata —la suspensión de la indagatoria tras el recurso presentado ante la Cámara Federal—, pero sí agrega un elemento político relevante: la necesidad de conocer si alrededor de la causa existieron contactos, vínculos asociativos, relaciones indirectas o puentes personales capaces de mejorar la posición del empresario ante el juzgado. En causas de esta magnitud, los expedientes no sólo se leen por sus resoluciones formales, sino también por las redes de relaciones que pueden rodear a magistrados, defensas, empresarios y operadores judiciales.
La eventual existencia de un nexo entre un familiar cercano de Sigman y una organización vinculada al mismo ámbito institucional de Lijo debería ser observada con atención, porque la investigación toca intereses sensibles: vacunas, laboratorios, contratos estatales, decisiones sanitarias durante la pandemia y una estructura de negocios que involucró millones de dólares en plena emergencia nacional. Si el empresario debía declarar por su rol en ese entramado, cualquier acercamiento previo o paralelo al juzgado se vuelve políticamente significativo.
Sigman no es un empresario más dentro de la industria farmacéutica argentina. Es uno de los nombres más poderosos del sector biotecnológico regional, fundador del Grupo Insud, dueño de una extensa red de laboratorios, emprendimientos científicos, inversiones culturales y vínculos internacionales. Su empresa mAbxience fue seleccionada por AstraZeneca para producir en Argentina el principio activo de la vacuna desarrollada junto a la Universidad de Oxford, que luego sería envasado en México por Liomont y distribuido en América Latina.
Ese acuerdo fue presentado en 2020 como un hito científico e industrial para la Argentina. El anuncio involucró a AstraZeneca, mAbxience, el financiamiento del empresario mexicano Carlos Slim y la promesa de abastecer a la región con vacunas a precio accesible durante la pandemia. Sin embargo, con el tiempo, las demoras, los incumplimientos de plazos, la discusión por contratos y la comparación con otras vacunas convirtieron ese capítulo en un campo de batalla político.
La defensa de Sigman sostuvo en distintas oportunidades que mAbxience no era propietaria de la vacuna, no negociaba contratos con gobiernos, no vendía dosis al Estado argentino ni fijaba precios o fechas de entrega. Según esa posición, la empresa se limitaba a producir el principio activo para AstraZeneca, dentro de un esquema privado y regional. Pero para la fiscalía, el punto bajo análisis no se limita a quién firmó contratos, sino al entramado de decisiones, vínculos, influencias y eventuales beneficios en plena emergencia.
Un elemento que aparece en el expediente es el vínculo entre Sonia Tarragona, quien participó en negociaciones por vacunas en representación del Estado, y la Fundación Mundo Sano, presidida por Silvia Gold, esposa de Sigman. La fiscalía observa esa relación dentro de una hipótesis más amplia sobre posibles conflictos de interés y circulación de funcionarios, asesores y empresarios en un escenario donde cada decisión podía impactar sobre millones de argentinos.
La suspensión de la indagatoria deja a la causa en una nueva pausa, pero no desactiva el problema. Por el contrario, refuerza la percepción de que el expediente todavía tiene capacidad de producir ruido político y judicial. Sigman gana tiempo, mientras la Cámara Federal deberá evaluar el planteo de su defensa y definir si habilita o no el camino para que la declaración se realice en los términos fijados por el juzgado.
El juez Ariel Lijo ya había rechazado un pedido anterior para que el empresario declarara por vía virtual, y había sostenido la necesidad de una comparecencia presencial en Comodoro Py. La audiencia había sido reprogramada en más de una oportunidad. Ahora, con el recurso ante la Cámara, el expediente vuelve a quedar pendiente de una decisión superior, en un juego procesal que posterga definiciones sobre uno de los protagonistas centrales del negocio farmacéutico durante la pandemia.
La figura de Lijo también agrega condimento político. El magistrado es uno de los jueces federales más influyentes de Comodoro Py, con antecedentes en causas de alto impacto institucional. Su intervención en el expediente de las vacunas coloca bajo su órbita una investigación que puede alcanzar a exfuncionarios, empresarios y referentes sanitarios del gobierno que administró la crisis sanitaria más grave de las últimas décadas.
El planteo de Stornelli apuntó a una presunta matriz de corrupción, tráfico de influencias y conflicto de intereses durante la pandemia. Esa definición eleva el tono del caso. No se trataría sólo de revisar decisiones administrativas adoptadas bajo presión, sino de determinar si existió un esquema de preferencias, beneficios o bloqueos que condicionó el acceso de la población argentina a determinadas vacunas.
El trasfondo incluye la frustrada o demorada negociación con Pfizer, uno de los capítulos más polémicos de la pandemia. Durante meses, el gobierno de Alberto Fernández fue cuestionado por no haber cerrado más rápido un acuerdo con ese laboratorio, mientras otros países avanzaban en la compra de dosis. Las explicaciones oficiales apuntaron en su momento a exigencias contractuales, cláusulas legales y condiciones que el Estado consideraba inaceptables. La oposición, en cambio, sostuvo que la demora respondió a criterios políticos o comerciales.
En paralelo, el Gobierno apostó fuerte a la vacuna Sputnik V, de origen ruso, y al acuerdo AstraZeneca–Oxford, con producción del principio activo en la Argentina. El rol de mAbxience ubicó a Sigman en una posición de enorme visibilidad: por un lado, como símbolo de capacidad científica local; por otro, como empresario beneficiado por un esquema regional en medio de una emergencia sanitaria.
La pandemia dejó heridas abiertas. Hubo muertos, confinamientos, cierres de escuelas, restricciones económicas, privilegios en la vacunación, polémicas por el Vacunatorio VIP, demoras en el arribo de dosis y disputas feroces sobre la gestión sanitaria. Por eso, cualquier causa judicial vinculada a la compra de vacunas vuelve a tocar fibras sensibles de una sociedad que aún no recibió respuestas completas sobre muchas decisiones tomadas en aquel período.
La suspensión de la indagatoria de Sigman no debe leerse como un cierre, sino como una demora. El empresario no declaró, la Cámara deberá intervenir y la causa sigue abierta. Mientras tanto, el expediente mantiene bajo observación un tramo central de la política sanitaria del kirchnerismo durante la pandemia y el vínculo entre poder público, laboratorios y empresarios con capacidad de influir en decisiones críticas.
Para Total News Agency – TNA, el punto central es que la causa de las vacunas vuelve a mostrar una constante argentina: los grandes expedientes que involucran poder político y económico suelen avanzar entre recursos, postergaciones, apelaciones y demoras. La declaración de Sigman era esperada para intentar precisar responsabilidades, despejar dudas o confirmar hipótesis. Su suspensión posterga esa instancia y mantiene vivo el interrogante.
El nuevo dato sobre eventuales acercamientos al juzgado agrega una pregunta adicional: si la suspensión de la indagatoria fue sólo el resultado de una estrategia procesal ordinaria o si, además, existieron canales de aproximación que permitieron a Sigman ganar tiempo en una causa donde su declaración podía producir un fuerte impacto político y empresarial.
El empresario podrá ejercer todos los derechos que le reconoce la ley. Pero la sociedad también tiene derecho a saber cómo se tomaron las decisiones durante la emergencia sanitaria, por qué se priorizaron determinados contratos, qué ocurrió con Pfizer, qué papel real tuvieron los laboratorios locales y si existieron conflictos de interés en la arquitectura de compra de vacunas.
El recurso ante la Cámara Federal le dio aire a Sigman. La suspensión dispuesta por Lijo le quitó al expediente una foto que podía tener alto impacto político. Pero la causa no desaparece. Sólo vuelve a quedar en espera. Y en una investigación marcada por pandemia, negocios millonarios, sospechas de influencia y posibles canales informales de acercamiento, cada demora también comunica.





