Buenos Aires – 29 Julio 2026 – Total News Agency – TNA – El coronel mayor retirado Gabriel Camilli, ex director de la Escuela Superior de Guerra Conjunta, sostuvo que la campaña internacional desatada contra la Argentina durante el Mundial de fútbol excedió la rivalidad deportiva y formó parte de una disputa política, comunicacional y estratégica vinculada con la soberanía sobre las Islas Malvinas.
Durante una entrevista con Jorge Fontevecchia en el programa Modo Fontevecchia, emitido por Net TV y Radio Perfil, Camilli afirmó que la aparición de una bandera con la inscripción “Las Malvinas son argentinas”, exhibida por los jugadores de la Selección después de la victoria frente a Inglaterra, destruyó en pocos segundos años de esfuerzos destinados a debilitar la presencia de la causa Malvinas en la conciencia colectiva nacional.
“Esta bandera tiró por tierra años de campaña de desmalvinización”, aseguró el militar retirado, quien interpretó que la reacción adversa contra el equipo argentino no nació exclusivamente de sectores molestos por su rendimiento deportivo, sino de ámbitos interesados en impedir que el reclamo soberano argentino recuperara visibilidad internacional.
Camilli explicó que las guerras modernas ya no se libran únicamente en los dominios terrestre, marítimo y aéreo. A esos espacios tradicionales se incorporaron el ámbito aeroespacial, el cibernético y el cognitivo, este último orientado a influir sobre las percepciones, emociones y conductas de las sociedades mediante teléfonos móviles, redes sociales, medios de comunicación y campañas de alcance masivo.
Desde esa perspectiva, consideró que los ataques aparecidos después de los primeros partidos del Mundial y profundizados tras las victorias sobre Egipto e Inglaterra respondieron a una forma contemporánea de guerra psicológica. La ofensiva, según su análisis, buscó transformar una discusión deportiva en una impugnación general contra la Argentina, sus símbolos, sus jugadores y su reclamo territorial.
La hipótesis de Camilli encuentra un antecedente concreto en las campañas públicas promovidas durante años por el Gobierno de las Islas Malvinas y las embajadas británicas en el Cono Sur. Una de ellas es el concurso dirigido a estudiantes universitarios argentinos, paraguayos y uruguayos bajo la consigna “¿Por qué me gustaría conocer a mis vecinos de las Islas Falkland?”, que ofrece viajes con todos los gastos pagados al archipiélago ocupado.
Las bases oficiales exigen que los participantes tengan actividad en redes sociales y que los ganadores estén dispuestos a difundir posteriormente su experiencia. También autorizan a las representaciones británicas a utilizar de manera indefinida sus nombres, imágenes, voces y producciones audiovisuales en páginas oficiales y plataformas digitales.
El programa no es una actividad aislada. La edición 2025-2026 fue, según la propia Embajada británica, la sexta realizada en la Argentina. Su propósito declarado es promover el intercambio cultural y difundir información sobre las islas y sus habitantes, aunque utiliza el nombre británico del territorio, presenta a la población implantada como “vecinos” de los argentinos y omite la existencia de una disputa de soberanía reconocida internacionalmente.
Camilli calificó esa iniciativa como parte de una política de desmalvinización y cuestionó la falta de una respuesta sistemática del Estado argentino. “Los kelpers no son nuestros vecinos; son usurpadores de un territorio nacional”, afirmó, al señalar que estudiantes vinculados con la comunicación son invitados a producir contenidos favorables a la normalización de la ocupación británica.
El lenguaje empleado en el concurso no resulta neutral. La Constitución Nacional, en su primera disposición transitoria, ratifica la soberanía “legítima e imprescriptible” de la Argentina sobre las Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, y establece que su recuperación constituye un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.
La Organización de las Naciones Unidas reconoce desde la Resolución 2065 de 1965 la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido y reclama a ambos gobiernos que reanuden negociaciones para alcanzar una solución pacífica. El Comité Especial de Descolonización volvió a reiterar esa posición en sus sesiones de 2025 y 2026.
Ese marco jurídico contradice la narrativa británica que procura presentar el archipiélago como una entidad política separada y consolidada, cuya relación con la Argentina se limitaría a la de una comunidad vecina. La estrategia desplaza el eje desde la ocupación territorial iniciada por la fuerza en 1833 hacia una supuesta relación cultural entre poblaciones equivalentes, sin abordar el reclamo soberano pendiente.
Camilli sostuvo que la guerra de 1982 terminó en el campo militar, pero no en los terrenos diplomático, económico, cultural y comunicacional. “Hay tranquilidad porque no nos estamos agrediendo físicamente como en el 82, pero no hay orden”, afirmó. Para el coronel, ese orden sólo podrá alcanzarse cuando el Reino Unido cumpla las resoluciones internacionales y acepte sentarse a negociar.
El ex director de la Escuela Superior de Guerra Conjunta destacó que la persistencia de la causa Malvinas en el fútbol demuestra que las campañas destinadas a borrarla no consiguieron modificar el sentimiento popular. Recordó la canción dedicada a “los pibes de Malvinas” durante el Mundial anterior y consideró que la bandera desplegada en 2026 volvió a colocar el reclamo argentino frente a una audiencia global de cientos de millones de personas.
La aparición del símbolo coincidió además con una nueva controversia bilateral por la presencia del patrullero británico HMS Medway en espacios marítimos reclamados por la Argentina. La Cancillería presentó una protesta formal y calificó la incursión como una acción unilateral incompatible con las resoluciones de Naciones Unidas mientras la disputa permanezca sin solución.
Camilli extendió su análisis más allá de Malvinas y afirmó que la capacidad defensiva de una nación no depende solamente de sus Fuerzas Armadas. La industria, el sistema educativo, la investigación científica, la tecnología, la producción energética y organismos como INVAP, la Comisión Nacional de Energía Atómica y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales forman parte del poder nacional que sostiene cualquier estrategia de defensa.
Para explicarlo, utilizó la imagen de un arquero: la punta metálica de la flecha representa el instrumento militar, mientras que el arco, la cuerda, el brazo y la fuerza que impulsa el disparo simbolizan toda la estructura económica, cultural, productiva y científica de un país. Incluso la Selección argentina, por su capacidad para proyectar identidad y símbolos ante el mundo, constituye —según Camilli— un activo estratégico de poder blando.
La bandera que apareció después del triunfo ante Inglaterra demostró esa capacidad. Sin disparos, movimientos militares ni discursos oficiales, una imagen transmitida desde un estadio volvió a introducir la palabra Malvinas en medios, redes sociales y debates políticos internacionales, exactamente el escenario que las campañas británicas de comunicación buscan evitar o reinterpretar.
Fuentes consultadas: declaraciones del coronel mayor retirado Gabriel Camilli en Modo Fontevecchia, Perfil, Net TV, Radio Perfil,




