Jerusalén – 7 de junio de 2026 – Total News Agency – TNA-. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) revelaron este domingo la existencia de un amplio sistema de túneles de Hezbolá en las inmediaciones del Castillo de Beaufort, en el sur del Líbano, y aseguraron que la red subterránea fue construida durante más de una década con financiamiento, planificación y asistencia directa del régimen de Irán.
El hallazgo fue presentado por el vocero militar israelí, general de brigada Effie Defrin, como uno de los golpes más importantes contra la infraestructura militar de Hezbolá en la zona. Según las FDI, la operación terrestre tuvo como objetivo tomar control operativo del área, impedir nuevos ataques contra el norte de Israel y destruir un complejo subterráneo utilizado como centro de mando, logística y combate.
El emplazamiento, según la versión israelí, estaba ubicado en una zona civil y permitía a Hezbolá controlar operacionalmente el istmo de Galilea, a apenas seis kilómetros de Metula, una de las localidades israelíes más expuestas al fuego proveniente del sur libanés. Para Israel, ese dato confirma la utilización sistemática de infraestructura civil por parte de la organización terrorista para esconder posiciones militares, almacenar armas y dirigir ataques contra población israelí.
“Se trata de una red subterránea compuesta por varios niveles excavados en las profundidades del terreno rocoso”, explicó Defrin en un comunicado en video. De acuerdo con el vocero, toda la infraestructura fue levantada con financiamiento y planificación del régimen iraní, en línea con la estrategia de Teherán de convertir a sus aliados regionales en fuerzas de presión permanente contra Israel.
Las FDI afirmaron que el complejo funcionaba como un importante centro de mando y control, con capacidad para albergar a cientos de operativos de Hezbolá. Desde allí, según la inteligencia israelí, se habrían coordinado combates durante la guerra actual, hasta que los combatientes huyeron ante el avance de las tropas israelíes.
La red descubierta tenía características de instalación militar prolongada: infraestructura de agua y electricidad, cocinas, baños, duchas, habitaciones, zonas de alojamiento, un quirófano y espacios destinados al almacenamiento de armamento. En uno de los sectores, los soldados israelíes hallaron misiles antitanque, un lanzador y otros equipos militares.
También se informó que el sitio contaba con capacidades antitanque y antiaéreas, lo que revela que no se trataba de un simple refugio, sino de una estructura preparada para resistir operaciones terrestres y sostener ataques contra tropas israelíes. Según las FDI, desde la zona de Beaufort Hezbolá lanzó más de 400 cohetes hacia el norte de Israel durante los combates actuales, además de drones, misiles portátiles y misiles antitanque contra fuerzas israelíes.
El Castillo de Beaufort, ubicado en una elevación estratégica del sur libanés, tiene una carga histórica y simbólica de enorme peso. La fortaleza, de origen medieval, domina visualmente amplias zonas del sur del Líbano y del norte de Israel, y fue escenario de disputas militares durante décadas. Su captura por fuerzas israelíes no sólo representa un avance táctico, sino también un mensaje psicológico hacia Hezbolá y hacia la población libanesa que asocia el lugar con episodios de resistencia y ocupación.
La operación vuelve a poner en primer plano el papel de Irán en la arquitectura militar de Hezbolá. Para Israel, los túneles de Beaufort son una prueba más de que la organización libanesa no actúa como una fuerza autónoma de defensa local, sino como un brazo operativo de Teherán, integrado a una red regional de presión que incluye también a milicias en Siria, Irak, Yemen y la Franja de Gaza.
Las FDI señalaron además que el complejo subterráneo fue construido en una zona donde opera el Ejército libanés. Según la versión israelí, en el marco de los esfuerzos para hacer cumplir el acuerdo entre Israel y Líbano, se solicitó a las fuerzas libanesas que intervinieran sobre el sitio, pero Hezbolá habría impedido de manera directa cualquier acción efectiva.
Ese punto expone una vez más la debilidad estructural del Estado libanés frente al poder armado de Hezbolá. Aunque el Líbano cuenta con instituciones formales y fuerzas armadas reconocidas internacionalmente, la organización terrorista mantiene una capacidad militar propia que condiciona decisiones internas, arrastra al país a conflictos regionales y utiliza áreas civiles como cobertura para su infraestructura bélica.
La revelación llega en medio de una escalada regional marcada por ataques, treguas frágiles y presiones diplomáticas. Hezbolá, aliado estratégico de Irán, sigue siendo uno de los principales focos de amenaza para el norte de Israel, mientras Teherán intenta sostener su red de influencia regional aun bajo creciente presión militar y política.
Para Israel, la destrucción de los túneles de Beaufort busca enviar una señal clara: no habrá estabilidad en la frontera norte mientras Hezbolá conserve capacidad de fuego, mando y ocultamiento en el sur del Líbano. Para el Líbano, en cambio, el hallazgo confirma una realidad incómoda: una parte de su territorio sigue siendo utilizada por una fuerza armada subordinada a intereses externos, con costos directos para la población civil libanesa.
La infraestructura descubierta bajo Beaufort no sólo revela lo que Hezbolá escondía bajo tierra. También muestra la profundidad de la penetración iraní en el sur libanés y la magnitud del desafío que enfrenta cualquier intento serio de desmilitarizar la frontera y evitar que el país vuelva a quedar atrapado en una guerra dictada desde Teherán.




