Buenos Aires – 7 junio 2026 – Total News Agency – TNA-.La aprobación del pliego de María Verónica Michelli en el Senado terminó por mostrar algo más profundo que una pulseada parlamentaria: dejó al desnudo una reconfiguración de poder dentro de la mesa política del Gobierno de Javier Milei, donde conviven el sector de Karina Milei, el armado del asesor presidencial Santiago Caputo, el Ministerio de Justicia de Juan Bautista Mahiques y, ahora con mayor autonomía, la senadora Patricia Bullrich.
La sesión en la Cámara alta, que culminó con la aprobación de 74 pliegos judiciales, incluido el de Michelli, representó para la Casa Rosada un avance institucional en su objetivo de cubrir vacantes y avanzar en el diseño de un nuevo Poder Judicial de la Nación. Sin embargo, el caso puntual de la candidata al Tribunal Oral Federal N° 3 de La Plata dejó una señal política incómoda: el oficialismo no logró ordenar completamente a su propia bancada ni impedir que el Senado torciera la voluntad inicial del Poder Ejecutivo Nacional.
Michelli, secretaria del Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata y con más de tres décadas de trayectoria judicial, había quedado en el centro de la controversia luego de que trascendiera su parentesco político con el periodista Hugo Alconada Mon, autor de investigaciones críticas sobre funcionarios del Gobierno. Tras ese dato, la Casa Rosada intentó retirar el pliego, pero la maniobra generó ruido político, cuestionamientos públicos y diferencias dentro del propio oficialismo.
La votación terminó con 44 votos afirmativos, 18 negativos y 2 abstenciones. Una de esas abstenciones fue la de Patricia Bullrich, quien había invocado su “objeción de conciencia” frente a la decisión de retirar el pliego. En términos políticos, la senadora no acompañó a la oposición, pero tampoco acató sin matices la orden de la conducción libertaria. Esa posición intermedia le permitió preservar margen propio y exhibir poder de negociación.
“Patricia sabía que tenía margen. Leyó las circunstancias y tiró de la cuerda porque sabía que podía”, resumió una fuente legislativa consultada por TNA. En el oficialismo, incluso entre quienes relativizan el episodio, admiten que el caso obligó a revisar el equilibrio interno. “No es ni más ni menos que una disputa de poder”, reconoció un operador libertario.
El desenlace parlamentario fue leído de modo distinto por las tribus que integran la coalición de gobierno. En sectores cercanos al “karinismo” sostienen que la discusión original sobre tratar 50 pliegos y postergar otros respondió al intento de Bullrich de ganar influencia en el diseño de las ternas judiciales. Desde esa mirada, la decisión de incorporar finalmente el conjunto de los pliegos buscó evitar que una parte del oficialismo administrara sola el ritmo de las designaciones.
En el entorno vinculado a Santiago Caputo, en cambio, la inclusión de Michelli fue interpretada como “mala praxis” política y legislativa. Allí señalan al Ministerio de Justicia de Juan Bautista Mahiques por haber elevado una candidatura que luego incomodó al Presidente y a la secretaria general de la Presidencia. La crítica interna no apunta solamente al nombre de Michelli, sino al mecanismo de selección, control y negociación de los pliegos.
La sesión también sumó otros nombres sensibles. Entre los aprobados figura Emilio Rosatti, hijo del presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Horacio Rosatti, designado para un tribunal federal en Santa Fe. También fue aprobado el pliego de Yamile Susana Bernan, esposa de Diego Guerendiain, estrecho colaborador del exministro Mariano Cúneo Libarona. Esos casos alimentaron las lecturas cruzadas sobre quién controla realmente el tablero judicial dentro del oficialismo.
Desde la Casa Rosada buscaron instalar una lectura positiva: no se aprobaba una cantidad semejante de jueces desde 2018 y el Gobierno consiguió avanzar con una agenda judicial largamente trabada. El propio Javier Milei celebró públicamente el resultado como “el inicio de la reconstrucción de la Justicia”, aunque evitó poner el foco en el costo político que implicó la aprobación del pliego que había intentado retirar.
La oposición, por su parte, aprovechó el desorden oficialista para exhibir capacidad de intervención en un tema sensible. El caso Michelli le permitió mostrar una derrota parcial del Ejecutivo, aun cuando el paquete completo de designaciones también beneficie al plan judicial del Gobierno. La paradoja es evidente: Milei consiguió la aprobación de decenas de nombramientos, pero pagó el precio de mostrar fisuras en la conducción política.
En ese contexto, Bullrich emerge como una figura que no se limita a ejecutar instrucciones. Ya había tomado distancia respecto de la situación judicial del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y ahora volvió a marcar una línea propia frente a Karina Milei, la funcionaria con mayor poder real dentro del Gabinete. La posterior foto entre ambas buscó bajar la tensión, pero no borró el dato central: la exministra de Seguridad tiene votos, interlocución parlamentaria y capacidad para incomodar.
El episodio también impacta en la arquitectura del llamado “triángulo de hierro”. La disputa entre el vértice presidencial, el poder de Karina Milei y la influencia de Santiago Caputo suma ahora a una Bullrich con volumen legislativo propio. Esa convivencia puede ser funcional si el Gobierno logra ordenar objetivos comunes, pero también puede convertirse en un problema si cada sector disputa la lapicera del armado judicial, parlamentario y electoral.
Con el calendario político mirando a 2027, la aprobación del pliego de Michelli dejó una advertencia para La Libertad Avanza: la fortaleza electoral de Javier Milei no reemplaza la necesidad de coordinación interna. El Gobierno celebró 74 pliegos, pero el Senado le recordó que la construcción de poder no depende sólo de la voluntad presidencial, sino también de la negociación, la muñeca parlamentaria y la disciplina de sus propios aliados.





