por Enrique Guillermo Avogadro
“En política, si pronosticas qué, no digas cuando. Y si pronosticas cuando, no digas qué”.
Julio M. Sanguinetti
En medio del calor y de la alegría compartida – y la consecuente distracción – que produce el éxito de la selección nacional de fútbol, que disputará mañana el partido final ante España, han pasado bajo el radar algunas maniobras del Gobierno que hubieran debido generar fuerte repulsa en la ciudadanía. Con mucho más de medio siglo ejerciendo como abogado, siempre he dicho que, con una Justicia independiente, seria y rápida, todo será posible; sin ella, nada lo será; la inmutabilidad del “riesgo-país” frente a los innegables logros macroeconómicos del Gobierno lo confirma.
Tal vez, si Javier Milei no hubiera puesto en su discurso de apertura de las actuales sesiones ordinarias del H° Aguantadero tanto énfasis en su promesa de moralizar al aparato del Estado después de tantas décadas de contubernios rastreros y saqueo indiscriminado, estaría quien esto escribe menos asqueado ante la forma en que está llenando – por supuesto, algo impostergable – los muchísimos casilleros vacantes en el Poder Judicial.

Pese a que contaba con el proyecto de reglamento que garantizaba la transparencia y premiaba la idoneidad en la selección de los jueces que habían elaborado los ministros de la Corte Suprema Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti, optó por repetir los habituales vicios de la vieja política que, a contramano de las necesidades sociales, garantizan la impunidad pasada y futura de antiguos y actuales funcionarios públicos, dirigentes deportivos, empresarios cómplices y otras hienas voraces. Los Eskenazy, Sergio Massa, Matías Tombolini, Martín Insaurralde, Claudio Chiqui Tapia, Pablo Toviggino, Jésica Cirio, Sofía Clerici, Manuel Adorni y muchísimos otros ladrones ya están enfriando botellas de carísimo champagne para festejar.
El Ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, y su vice, Santiago Viola, fueron los instrumentos adecuados para cometer los peores pecados, convalidados por senadores que, a cambio de su apoyo, recibieron como premio nombramientos afines a sus intereses personales – y de sus gobernadores – en los juzgados federales de sus respectivas provincias. Donde más se notaron estos estropicios fueron en la Cámara Federal de Apelaciones en lo Criminal de la Capital Federal, que supervisa a los jueces de primera instancia que tramitan las denuncias por corrupción y en la Cámara Federal de Casación Penal, el máximo tribunal del fuero.
En algunos casos, la arbitrariedad fue directamente escandalosa. Mientras se aducía que el Presidente no firmaba el decreto de nombramiento como juez a María Victoria Michelli (cuñada de Hugo Alconada Mom, periodista de investigación de escándalos oficiales) porque su Juzgado aún no está creado, idéntico inconveniente no fue óbice para encumbrar a Ana María Juan, mujer del inefable Juez Marcelo Martínez de Giorgi; éste, que compite con su colega Ariel Lijo por el premio a la peor catadura moral, tiene la causa “$Libra”, que tanto preocupa a la Casa Rosada y, en especial, a Karina Milei. También lo fue en los casos de los jueces Pablo Yadarola y Pablo Bertuzzi, respectivamente incorporado y confirmado en la Cámara de Apelaciones, mientras se negaba la extensión de Martín Irurzun y Leopoldo Bruglia, jueces calificadísimos por su independencia y seriedad.
En el terreno internacional, confieso que estoy aterrado. La destrucción de la pista de un aeropuerto de Yemen controlado por las milicias hutíes, hicieron que éstas respondieran con ataques aéreos contra Arabia Saudita, mientras los criminales ayatollahs, que financian y arman a aquellos terroristas, les han ordenado prepararse para cerrar el estrecho de Bar el-Mandeb, única puerta de entrada al Mar Rojo y al canal de Suez. Si lo lograran, el impacto sobre la economía global sería de una magnitud asombrosa ya que por él y por su vecino Ormuz, prácticamente clausurado por Irán y por EEUU, circula 37% del comercio mundial de contenedores y de energía.
Tras la defunción del memorándum de entendimiento que había pactado un alto el fuego por 60 días, y los nuevos bombardeos masivos ordenados por Donald Trump contra su infraestructura energética, ya fue atacada por la Guardia Revolucionaria iraní una base militar de EEUU en el sur de Siria, que habría causado numerosas bajas estadounidenses y, tal como era previsible, una esencial planta de desalización en Kuwait; con ello, ya escribió el prólogo de una obra que terminaría con las restantes petro-monarquías por inanición.
Vladimir Putin está siendo acosado por los halcones belicistas que le exigen una respuesta más firme – ¿armamento nuclear táctico? – contra Ucrania y los países de la OTAN, que la apoyan y le permiten utilizar su espacio aéreo para atacar profundamente su territorio pero, sobre todo, por los exitosos de Kiev contra Crimea – único acceso ruso a los mares Azov y Negro – donde han logrado producir un importante déficit de suministros energéticos y alimenticios, reconocido por Moscú. A su vez, Volodimir Zelensky ha suscitado grandes protestas internas y críticas internacionales al desplazar, inopinadamente y en plena guerra, a su Ministro de Defensa, el prestigioso general Mykhailo Fédorov, quizás porque podría ser su rival en unas eventuales elecciones que el actual mandatario se resiste a convocar.
Trump, que enfrenta las elecciones legislativas en octubre, dio el jueves un discurso a la nación que, sorprendentemente, no fue transmitido por las cadenas vinculadas a los demócratas. Con él, detonó una nueva tormenta en su largo y tan contradictorio enfrentamiento con China y Rusia, a las cuales acusó de haber interferido en el proceso electoral de 2020, en las que el magnate resultó perdedor ante Joe Biden, resultado que nunca ha aceptado.
Aprovechando el descrédito estadounidense por su tan errática conducta geopolítica y el retiro de tropas y material bélico defensivo de Japón, Corea del Sur, Filipinas y otros países del sudeste asiático ordenado por Trump para trasladarlo al escenario de Medio Oriente, Xi Jinping ha intensificado su antiguo acoso a Taiwan y pretende controlar el tráfico por el también crucial estrecho de Malaca, otro escenario de futuros enfrentamientos globales, como seguramente será el Artico.



