Nueva Jersey – 19 Julio 2026 – Total News España – TNA – La Selección española afrontará este domingo uno de los partidos más importantes de su historia cuando se enfrente a Argentina en la final del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá 2026, con la oportunidad de conquistar su segunda estrella y volver a reinar en el fútbol internacional 16 años después de la inolvidable coronación de Sudáfrica 2010.
El encuentro comenzará a las 21:00 de España —16:00 en Argentina y 15:00 en la costa este de Estados Unidos— en el Estadio Nueva York/Nueva Jersey, ubicado en East Rutherford, ante más de 80.000 espectadores y una audiencia televisiva mundial de cientos de millones de personas.
Será una final extraordinaria y, además, inédita: por primera vez en la historia de la Copa del Mundo se enfrentarán en el partido decisivo las dos selecciones que ocupaban el primer y el segundo puesto del ranking de la FIFA antes del torneo.
Argentina llegó a la competición como líder de la clasificación internacional y vigente campeona mundial, mientras que España arribó como su inmediata perseguidora y con el impulso de un ciclo que ha devuelto a La Roja a la elite.
El conjunto dirigido por Luis de la Fuente buscará confirmar un crecimiento sostenido, basado en el juego colectivo, la fortaleza defensiva y la capacidad para controlar los partidos desde el centro del campo.
El legado de Luis Aragonés
En una jornada de semejante trascendencia resulta inevitable recordar a Luis Aragonés, el entrenador que modificó la mentalidad del fútbol español y convenció a una generación de que los cuartos de final no debían ser el límite.
La victoria por penaltis ante Italia en la Eurocopa de 2008 terminó con uno de los principales bloqueos psicológicos de la selección y abrió el camino hacia una de las etapas más gloriosas de su historia: las Eurocopas de 2008 y 2012 y el Mundial de 2010.
Aragonés repetía que en el fútbol había que “ganar, ganar, ganar y volver a ganar”. España tendrá ahora una nueva oportunidad de honrar aquella filosofía y bordar la segunda estrella sobre su camiseta.
El equipo de De la Fuente ya demostró que sabe competir bajo presión. En la fase eliminatoria derrotó a Austria, superó a Portugal, venció a Bélgica y se impuso con autoridad por 2-0 ante Francia en las semifinales.
Argentina, por su parte, eliminó sucesivamente a Cabo Verde, Egipto, Suiza e Inglaterra, a la que derrotó por 2-1 en Atlanta.
Una España coral y solidaria
Una de las principales virtudes españolas durante el Mundial ha sido la capacidad de funcionar como equipo, sin depender exclusivamente de una figura. Todos los futbolistas se integraron en una estructura colectiva que combina posesión, presión, paciencia y profundidad ofensiva.
Rodri Hernández, único Balón de Oro del plantel, creció con el transcurso del campeonato hasta convertirse en el gran organizador del mediocampo. El jugador del Manchester City determina cuándo España debe acelerar, cuándo necesita conservar la pelota y cómo debe posicionarse el resto del equipo.
Su presencia permite que futbolistas como Fabián Ruiz, Dani Olmo, Pedri o Mikel Merino puedan aparecer en posiciones más adelantadas y ofrecer alternativas en ataque.
También resultó fundamental la evolución defensiva. Las dudas que acompañaron inicialmente a algunos integrantes de la convocatoria fueron desapareciendo a medida que avanzó el torneo.
Pau Cubarsí y Aymeric Laporte ofrecieron seguridad en el centro de la defensa, mientras que Pedro Porro y Marc Cucurella aportaron intensidad, recuperación y profundidad por las bandas.
El guardameta español, cuestionado antes de la competición, respondió con actuaciones decisivas y alcanzó una de las mejores marcas de minutos sin recibir goles en la historia de los Mundiales. España construyó desde esa solidez una candidatura legítima al título.
En ataque, Mikel Oyarzabal volvió a demostrar su especial conexión con la camiseta nacional. El delantero de la Real Sociedad aportó goles, asistencias y movimientos inteligentes, convirtiéndose en una referencia constante para el funcionamiento ofensivo.
Lamine Yamal, aun sin alcanzar siempre el protagonismo esperado, representa una amenaza permanente por su velocidad, desequilibrio y capacidad para resolver una acción individual. Su sola presencia obliga a las defensas rivales a multiplicar las precauciones.
Messi, el gran desafío
Argentina vuelve a tener como principal figura a Lionel Messi, quien a los 39 años disputará posiblemente su último encuentro en una Copa del Mundo.
El capitán argentino continúa siendo capaz de cambiar el desarrollo de un partido mediante un pase, un remate o una acción individual. España deberá impedir que reciba con comodidad entre líneas y evitar concederle faltas cerca del área.
Sin embargo, Argentina no se reduce únicamente a Messi. El equipo de Lionel Scaloni cuenta con una defensa experimentada encabezada por Cristian “Cuti” Romero y Lisandro Martínez, además del despliegue de Rodrigo De Paul, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister.
En ataque dispone de futbolistas como Julián Álvarez y Lautaro Martínez, capaces de aprovechar cualquier desajuste defensivo.
La experiencia competitiva argentina, vigente campeona del mundo y bicampeona de América, obligará a España a mantener la concentración durante todo el encuentro.
Un historial equilibrado
España y Argentina llegan a la final con un historial prácticamente igualado. Ambas selecciones suman seis victorias y dos empates en sus enfrentamientos anteriores.
La única vez que se cruzaron en una Copa del Mundo fue en Inglaterra 1966, con victoria argentina por 2-1. El dato corrige algunas publicaciones que situaron erróneamente aquel partido en el Mundial de Chile 1962.
El antecedente más reciente resulta especialmente agradable para los aficionados españoles. El 27 de marzo de 2018, España goleó 6-1 a Argentina en el estadio Metropolitano de Madrid, con tres goles de un inspirado Isco Alarcón.
Aquel encuentro fue un amistoso y tendrá poca influencia sobre la final, pero permanece como una demostración de lo que España puede conseguir cuando logra imponer su ritmo y su superioridad colectiva.
Una final con máxima exigencia arbitral
El esloveno Slavko Vincic será el encargado de dirigir el encuentro, acompañado por sus compatriotas Tomaz Klancnik y Andraz Kovacic.
La actuación arbitral tendrá especial importancia por las diferencias de estilo entre ambos equipos. Argentina suele recurrir a la intensidad física, la presión sobre el rival y lo que en Sudamérica se conoce como “cancherismo”: el manejo de los tiempos, las interrupciones y la disputa psicológica del partido.
España deberá evitar caer en provocaciones, conservar la serenidad y mantener el balón en circulación. Una conducción firme por parte del árbitro será esencial para impedir que el juego se vuelva excesivamente cortado y para proteger el talento de ambos equipos.
Las decisiones del VAR también estarán bajo observación, después de las controversias registradas durante algunas eliminatorias. No obstante, la final representa una oportunidad para que el fútbol sea el verdadero protagonista.
La segunda estrella está a un partido
España llega al último encuentro con argumentos suficientes para creer. Ha demostrado solidez, talento, disciplina táctica y capacidad para superar momentos difíciles.
El equipo de De la Fuente tiene la posibilidad de unir a dos generaciones: la que convirtió a España en campeona mundial en 2010 y la que ahora pretende abrir una nueva época dorada.
Una victoria colocaría a La Roja nuevamente en la cima del fútbol, confirmaría el éxito de su modelo colectivo y permitiría bordar una segunda estrella que resumiría años de formación, renovación y confianza en una identidad propia.
Argentina será un rival de enorme jerarquía, pero España ha demostrado durante todo el Mundial que no teme a ningún adversario.
En Nueva Jersey no habrá margen para especulaciones. Durante 90 minutos —o quizá 120 y una eventual tanda de penaltis— estará en juego el lugar más alto del fútbol mundial.
España se encuentra ante una cita destinada a permanecer para siempre en su memoria. La segunda estrella está a un solo partido.





