Londres – 23 de julio de 2026 – Total News Agency – TNA-. El precio internacional del petróleo volvió a dispararse este jueves y quedó a las puertas de los US$100 por barril, empujado por la continuidad de los ataques entre Estados Unidos e Irán y por la amenaza simultánea contra dos de las rutas marítimas más sensibles para el abastecimiento energético mundial: los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb.
El crudo Brent, referencia para Europa y buena parte del comercio internacional, llegó a negociarse por encima de los US$98, con un aumento cercano al 5% durante la jornada, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) estadounidense avanzó hasta la zona de los US$90. El movimiento completó cinco ruedas consecutivas de subas y dejó atrás el derrumbe registrado a comienzos de julio, cuando el Brent había retrocedido por debajo de los US$72 ante las expectativas de una desescalada militar.
El mercado ya no está reaccionando únicamente a la posibilidad de que disminuya la producción iraní. La principal preocupación es que la guerra afecte de manera prolongada la circulación de petroleros, buques gaseros y cargueros en corredores por los que se moviliza una porción decisiva del comercio mundial.
La navegación por el estrecho de Ormuz, salida natural del golfo Pérsico, permanece severamente restringida por los ataques contra embarcaciones, las inspecciones iraníes y el incremento de los costos de seguros. Por esa vía circulaba antes de la actual guerra aproximadamente una quinta parte del petróleo y del gas natural comercializados en el mundo, además de buena parte de las exportaciones de Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Qatar e Irán.
El cuadro se agravó cuando los hutíes de Yemen, aliados de Teherán, anunciaron un bloqueo naval contra los buques vinculados con Arabia Saudita en el estrecho de Bab el-Mandeb. La medida fue presentada como represalia por las restricciones saudíes sobre Yemen y por el reciente ataque contra el aeropuerto internacional de Saná, aunque el alcance efectivo del operativo permanece sujeto a la capacidad militar del grupo para identificar y atacar embarcaciones.
En las últimas horas, los hutíes afirmaron haber alcanzado dos petroleros saudíes en el mar Rojo y provocado incendios. Autoridades saudíes y el centro británico de operaciones marítimas confirmaron al menos uno de los incidentes, sin informar víctimas. La declaración no equivale todavía a un cierre completo de Bab el-Mandeb, pero la sola amenaza puede disuadir a las navieras, elevar las primas de riesgo y obligar a cambiar las rutas.
El paso, de apenas 32 kilómetros de ancho en algunos sectores, conecta el golfo de Adén con el mar Rojo y constituye la puerta de entrada al canal de Suez. Por allí circula alrededor del 12% del comercio mundial y aproximadamente una cuarta parte del tráfico global de contenedores. Durante junio, más de siete millones de barriles diarios de petróleo y derivados atravesaron la zona, casi el doble de los niveles anteriores a la guerra, debido precisamente a que Arabia Saudita había incrementado sus exportaciones por el puerto de Yanbu para evitar Ormuz.
El riesgo que enfrenta el mercado es, por lo tanto, acumulativo. Si Ormuz queda inutilizado o sometido a ataques intermitentes y Bab el-Mandeb deja de ser una alternativa segura, una parte sustancial de las exportaciones del golfo Pérsico perdería simultáneamente sus dos principales corredores marítimos.
Las compañías podrían desviar los barcos alrededor del cabo de Buena Esperanza, en el extremo sur de África, pero esa ruta agrega entre una y dos semanas de navegación, aumenta el consumo de combustible, encarece los seguros y reduce la disponibilidad global de buques. Arabia Saudita dispone además del oleoducto Este-Oeste hacia Yanbu y podría trasladar parte del crudo hasta Egipto para utilizar el oleoducto SUMED, aunque ninguna de esas alternativas reemplaza por completo la capacidad de las rutas amenazadas.
El impacto ya comenzó a extenderse más allá del sector energético. Las bolsas europeas retrocedieron, los futuros de Wall Street operaron en baja y los rendimientos de los bonos estadounidenses aumentaron ante el temor de que el encarecimiento del petróleo reactive la inflación. El rendimiento del bono del Tesoro norteamericano a diez años se ubicó alrededor del 4,65%, muy por encima del 3,97% registrado antes del inicio de la guerra.
Un petróleo sostenido cerca de los US$100 elevaría los precios de combustibles, electricidad, transporte aéreo, fertilizantes, plásticos y alimentos. También complicaría la estrategia de la Reserva Federal, el Banco Central Europeo y otras autoridades monetarias, que podrían verse obligadas a postergar reducciones de tasas o incluso endurecer su política para evitar una nueva aceleración inflacionaria.
Para países productores como la Argentina, la suba mejora en principio los ingresos potenciales de Vaca Muerta y la rentabilidad de las exportaciones de crudo. Sin embargo, ese beneficio puede verse contrarrestado por mayores costos de importación de combustibles, transporte y logística, además de la presión que el precio internacional ejerce sobre las naftas y el gasoil del mercado interno.
La escalada demuestra que Teherán conserva capacidad para trasladar el conflicto desde su territorio hacia los puntos vulnerables del comercio internacional. Al control que ejerce sobre Ormuz se suma la actuación de los hutíes en el mar Rojo, una pinza marítima capaz de amplificar las consecuencias económicas de la ofensiva estadounidense sin necesidad de interrumpir físicamente todos los embarques.
Analistas de Goldman Sachs mantienen por ahora previsiones más moderadas para el último trimestre, pero advirtieron que una interrupción simultánea y prolongada en Ormuz, Bab el-Mandeb y Suez podría llevar al Brent por encima de los US$120.
El petróleo todavía no superó formalmente la barrera psicológica de los US$100, pero el mercado ya comenzó a descontar un escenario en el que la seguridad de los buques y no la disponibilidad física de los yacimientos determinará el precio. Cada nuevo ataque, advertencia o desvío de un petrolero agrega una prima de guerra que amenaza con trasladarse rápidamente a los surtidores, a los alimentos y al costo de vida mundial.





