Madrid – 25 Julio 2026 – Total News Agency – TNA-. La ola de incendios que arrasa extensas regiones de España, Francia y Portugal contiene focos provocados deliberadamente y otros originados por graves imprudencias, con decenas de detenidos y causas judiciales abiertas. La Unión Europea acusa oficialmente a Moscú de desarrollar una campaña híbrida persistente que comprende sabotajes, incendios intencionales, ataques cibernéticos, vandalismo, entre otros.
La distinción resulta central para comprender una crisis en la que conviven tres fenómenos diferentes: incendios criminales locales, conductas negligentes capaces de producir catástrofes y una campaña rusa de guerra híbrida que ya utilizó el fuego contra instalaciones militares, industriales y logísticas europeas.
La simultaneidad de los focos, su enorme extensión y el antecedente de operaciones de sabotaje ruso justifican que los servicios de inteligencia examinen una posible interferencia extranjera. Sin embargo, esos elementos no alcanzan por sí solos para establecer una autoría estatal. Las olas de calor, la sequedad extrema, los vientos y la acumulación de vegetación convierten cualquier chispa en un frente capaz de propagarse rápidamente y unirse con otros incendios inicialmente independientes.
La emergencia ya obligó a evacuar o confinar a más de 250.000 personas en Francia y España. Los incendios del suroeste francés avanzaron hacia Burdeos, mientras los principales frentes del oeste de Madrid y Ávila terminaron fusionándose o quedaron a escasa distancia unos de otros. España registró además una muerte en un fuego próximo a Valencia.
En Burgohondo, provincia de Ávila, la Guardia Civil detuvo a una persona e investiga a otra por el incendio que había quemado más de 9.000 hectáreas cuando se anunciaron las actuaciones. El Servicio de Protección de la Naturaleza —SEPRONA— concluyó preliminarmente que el fuego comenzó por las chispas producidas por maquinaria pesada utilizada en una zona donde esos trabajos estaban expresamente prohibidos debido al riesgo extremo.
Los investigados tampoco habrían contado con autorización administrativa ni con los equipos preventivos exigidos para efectuar tareas capaces de generar chispas. Se les atribuyen posibles delitos de incendio forestal y contra los recursos naturales, agravados por la proximidad de poblaciones y el daño causado a los ecosistemas.
Ese episodio no constituye, de acuerdo con la información policial disponible, un incendio intencional dirigido a causar una catástrofe. La hipótesis actual es la de una imprudencia grave. La diferencia jurídica y operativa resulta importante: violar una prohibición y generar un incendio puede constituir un delito severamente castigado, pero no equivale a actuar por encargo de un servicio de inteligencia.
Las investigaciones españolas continúan examinando otros focos cuyo origen todavía no fue determinado. La existencia de varios puntos de ignición separados, restos de acelerantes, dispositivos temporizados o movimientos repetidos de una misma persona podría modificar la evaluación, pero las autoridades no presentaron hasta ahora un patrón común que vincule los grandes incendios de Madrid, Ávila y otras regiones.
En Francia, la dimensión criminal aparece de manera más visible. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, informó el 11 de julio que 32 personas sospechadas de iniciar incendios habían sido detenidas en 22 departamentos desde el comienzo del verano. Días después, tras nuevos arrestos, el balance nacional ascendió a 59 sospechosos vinculados con distintas infracciones relacionadas con el fuego.
Los expedientes franceses incluyen hechos deliberados, conductas imprudentes, menores involucrados y personas que ya tenían antecedentes. No todos los detenidos son considerados pirómanos ni todos buscaban provocar incendios de grandes dimensiones.
Uno de los casos más significativos ocurrió en el bosque de Fontainebleau, al sur de París, donde dos jóvenes nacidos en 2007 fueron detenidos. Uno de ellos, bombero voluntario, habría reconocido inicialmente que utilizó gasolina y un encendedor para iniciar un fuego de manera deliberada. El otro atribuyó el foco a un cigarrillo descartado. Los incendios quemaron alrededor de 2.050 hectáreas, provocaron evacuaciones y afectaron carreteras y servicios ferroviarios.
La Gendarmería Nacional francesa dispone de equipos especializados capaces de analizar el punto de inicio, la orientación inicial de las llamas, residuos químicos, dispositivos de ignición, imágenes de cámaras, antenas telefónicas y desplazamientos registrados por vehículos. Varios focos cercanos y separados pueden indicar una acción deliberada, aunque la conclusión debe apoyarse en peritajes y no solamente en la percepción de que los incendios comenzaron al mismo tiempo.
Francia atraviesa una temporada excepcional. El Ministerio del Interior informó que más de 50.000 hectáreas habían ardido antes de la última expansión de los incendios y que decenas de focos permanecían activos. El avance posterior en Gironda y Landas obligó a evacuar a casi 200.000 personas y llevó al Gobierno a desplegar militares, aeronaves y recursos europeos.
En Portugal, la enorme mayoría de los incendios rurales mantiene históricamente un origen humano, pero esa categoría incluye incendiarismo, quemas agrícolas descontroladas, negligencias, limpieza ilegal de terrenos y uso de maquinaria. El informe anual de seguridad correspondiente a 2025 registró miles de hechos investigados como incendios forestales y destacó el peso de las conductas intencionales y del uso indebido del fuego.
El país declaró durante julio situaciones de alerta, prohibió determinadas actividades en áreas forestales y restringió el empleo de maquinaria, pirotecnia y fuego ante condiciones meteorológicas extremas. En la zona de Vouzela, unos 1.100 bomberos participaron en el combate de uno de los principales incendios, mientras Portugal solicitó cuatro aviones Canadair y asistencia española mediante el Mecanismo Europeo de Protección Civil.
La cantidad de detenidos por incendios en Portugal debe interpretarse con cuidado. Una persona puede ser investigada por iniciar deliberadamente un fuego, pero también por encender una quema prohibida, abandonar brasas, utilizar herramientas capaces de producir chispas o incumplir medidas de seguridad. El término “autor de incendio” no demuestra necesariamente intención terrorista, motivación política o pertenencia a una red.
La sospecha sobre Rusia no surge, sin embargo, de una teoría improvisada. La Unión Europea acusa oficialmente a Moscú de desarrollar una campaña híbrida persistente que comprende sabotajes, incendios intencionales, ataques cibernéticos, vandalismo, manipulación informativa, interferencia electoral y acciones contra infraestructura crítica. Según el Consejo de la UE, esas operaciones buscan dividir las sociedades europeas, debilitar su capacidad institucional y reducir el respaldo a Ucrania.
La UE renovó y amplió sus sanciones contra personas y entidades vinculadas con esas actividades, incluidas redes financieras, medios de propaganda y estructuras relacionadas con los servicios rusos. Bruselas considera que la campaña se intensificó desde la invasión a gran escala de Ucrania iniciada el 24 de febrero de 2022.
Investigaciones europeas atribuyeron o vincularon con el servicio de inteligencia militar ruso GRU incendios y ataques contra depósitos de ayuda para Ucrania, empresas de defensa, centros comerciales, sistemas ferroviarios, almacenes y redes logísticas.
En enero, autoridades de Lituania acusaron al GRU de organizar un intento de incendio contra una planta que fabricaba equipos utilizados por las fuerzas ucranianas. Seis ciudadanos de España, Colombia, Cuba, Rusia y Bielorrusia fueron detenidos, mientras los investigadores afirmaron que los ejecutores recibieron órdenes de personas establecidas en Rusia y pagos de entre 5.000 y 10.000 euros.
La misma red habría intentado ataques contra infraestructura petrolera en Rumania, almacenes en Polonia y vehículos, oficinas postales y salas de cine en la República Checa. El método se ajusta a una modalidad cada vez más frecuente: reclutar por internet a delincuentes comunes, jóvenes o personas motivadas por dinero para ejecutar acciones simples que dificultan demostrar la cadena de mando estatal.
Otra investigación internacional identificó a 22 sospechosos relacionados con paquetes explosivos enviados a instalaciones logísticas de varios países europeos. Uno de esos envíos se incendió en el aeropuerto de Leipzig poco antes de ser cargado en un avión con destino al Reino Unido. Las policías intervinientes señalaron una probable participación de la inteligencia militar rusa.
En Francia, la Fiscalía de París asumió una investigación sobre el incendio ocurrido en enero en una instalación de Thales en Brest, donde se fabrican componentes para aviones Rafale y sistemas relacionados con la discreción acústica de submarinos. La intervención de esa fiscalía se explica por su competencia exclusiva en posibles hechos de injerencia extranjera.
Ese antecedente resulta grave, pero afecta a una instalación industrial y militar estratégica. No existe hasta ahora una conexión pública entre el incendio de Thales y los gigantescos frentes forestales de Gironda, Fontainebleau, Madrid o Ávila.
Una operación coordinada contra bosques europeos dejaría previsiblemente varios indicadores: focos iniciados casi simultáneamente en lugares alejados; mecanismos de ignición idénticos; ataques próximos a bases, redes eléctricas o corredores militares; pagos mediante criptomonedas o plataformas extranjeras; reclutamiento por Telegram; viajes coincidentes; comunicaciones con intermediarios vinculados a servicios extranjeros; o campañas de desinformación preparadas antes del inicio de las llamas.
Ninguna autoridad europea ha presentado públicamente esa combinación de evidencias como explicación general de los incendios de julio. Los elementos conocidos muestran, en cambio, una variedad de causas y perfiles: maquinaria empleada ilegalmente en España, acciones deliberadas de jóvenes en Francia, quemas y negligencias recurrentes en Portugal y fuegos cuyo origen todavía permanece bajo investigación.
La ausencia de una atribución no obliga a descartar el sabotaje. Los servicios rusos utilizan intermediarios y operaciones fragmentadas precisamente para conservar una negación plausible. Pero una investigación de inteligencia debe separar capacidad, intención y oportunidad de la evidencia concreta que vincula a un actor con un hecho determinado.
Los peritos continuarán buscando residuos de combustibles, temporizadores, dispositivos repetidos, teléfonos que estuvieron presentes en varios puntos de inicio y movimientos financieros desde el extranjero. Esos resultados, y no la mera simultaneidad de los incendios, permitirán establecer si Europa enfrenta exclusivamente una combinación de criminalidad, negligencia y clima extremo o si alguna parte del desastre fue utilizada como un nuevo frente de la guerra híbrida rusa.
Fuentes consultadas: Guardia Civil; Ministerio del Interior de Francia; Gobierno de Portugal; Consejo de la Unión Europea; Policía Judicial y sistemas de protección civil europeos; Reuters; Associated Press; EFE; Le Monde; Anadolu; The Guardian.





