La Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) volvió a utilizar el estrecho de Ormuz como herramienta de presión internacional y advirtió que no permitirá su reapertura hasta que Estados Unidos acepte plenamente las condiciones impuestas por Teherán. La amenaza fue formulada cuando Washington, Omán y otros actores regionales intentan destrabar la navegación por una vía por la que, antes de la guerra, transitaba aproximadamente una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado comercializados mundialmente. El planteo del cuerpo militar iraní, designado organización terrorista por Estados Unidos, se produce mientras Irán pretende obtener control sobre los buques que ingresan al Golfo y capacidad de supervisión sobre los que salen, al tiempo que sus aliados hutíes intensifican los ataques en Yemen y amenazan las rutas marítimas del mar Rojo.
Teherán – 08 Agosto 2026 – Total News Agency – TNA – La Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) lanzó este sábado una nueva provocación sobre el estrecho de Ormuz al condicionar expresamente la reapertura de una de las rutas marítimas más importantes del planeta a que Estados Unidos acepte las exigencias de Teherán.
“El estrecho de Ormuz solo se reabrirá si Estados Unidos acepta plenamente las condiciones de Irán”, sostuvo el portavoz militar Hossein Mohebbi, en declaraciones difundidas por la agencia iraní Tasnim, durante una visita a la provincia de Hormozgan. El vocero agregó que Washington deberá además dejar de intervenir en las negociaciones regionales.
El mensaje introduce nuevamente un componente de extorsión política sobre una ruta marítima internacional cuya interrupción ya provocó graves alteraciones en los mercados energéticos y en el tráfico comercial.
Mohebbi no explicó públicamente cuáles son todas las condiciones iraníes, aunque las negociaciones mantenidas durante las últimas semanas permiten reconstruir parte de las pretensiones de Teherán.
Fuentes iraníes y regionales revelaron a Reuters que el régimen pretende controlar el tránsito de los buques que ingresen al Golfo a través de Ormuz, conocer el movimiento de los barcos que naveguen en sentido contrario y mantener capacidad para intervenir sobre esas embarcaciones. La propuesta forma parte de un esquema temporal negociado con Omán.
La pretensión supone, en los hechos, conceder a Irán una posición dominante sobre el tráfico comercial que conecta a algunas de las mayores potencias petroleras del mundo con los mercados internacionales.
El gobierno iraní había rechazado previamente una propuesta omaní de administración regional conjunta del estrecho y sostuvo que únicamente Irán y Omán debían controlar la navegación según sus respectivas aguas territoriales, excluyendo a otras potencias regionales.
Las conversaciones avanzaron posteriormente hacia una delimitación de nuevas rutas temporales. Irán y Omán alcanzaron un entendimiento preliminar sobre las coordenadas de los corredores de navegación, pero permanecen abiertas cuestiones decisivas relacionadas con el control, las inspecciones, eventuales tasas y la autoridad que ejercerá Teherán sobre los buques.
Estados Unidos, por el contrario, ha reclamado que todas las rutas permanezcan abiertas, que cesen los ataques contra embarcaciones y que no existan peajes impuestos unilateralmente por Irán.
La nueva declaración de la CGRI llegó apenas un día después de que funcionarios estadounidenses expresaran optimismo sobre la posibilidad de alcanzar rápidamente un acuerdo. Washington había señalado que, si el entendimiento garantizaba efectivamente la libre circulación comercial, podría levantar el bloqueo estadounidense sobre determinados puertos y embarcaciones iraníes. Cualquier concesión, según las autoridades estadounidenses, dependería del cumplimiento efectivo de los compromisos asumidos por Teherán.
La respuesta iraní fue aumentar nuevamente la apuesta.
Lejos de presentar la apertura de Ormuz como una obligación vinculada con la navegación internacional, la Guardia Revolucionaria la describió como una concesión que Irán podría otorgar cuando sus adversarios acepten sus demandas.
El CGRI constituye uno de los principales pilares militares e ideológicos de la República Islámica y responde directamente a la máxima conducción del régimen. Estados Unidos lo mantiene designado como organización terrorista extranjera y continúa aplicando sanciones sobre empresas, redes petroleras, intermediarios y compañías vinculadas a sus operaciones internacionales.
Su brazo exterior, la Fuerza Quds, ha sido durante décadas uno de los principales instrumentos utilizados por Teherán para financiar, entrenar y abastecer organizaciones armadas en distintos puntos de Medio Oriente.
La crisis de Ormuz permite observar ahora esa estrategia sobre dos rutas marítimas simultáneamente.
Mientras la Guardia Revolucionaria amenaza con condicionar la circulación en el Golfo, los hutíes de Yemen, aliados y apoyados por Irán, mantienen acciones militares que afectan el mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb, otro punto crítico del comercio internacional.
La escalada se agravó esta semana. Al menos 30 integrantes de las fuerzas gubernamentales yemeníes murieron en ataques hutíes contra posiciones militares en las provincias de Marib y Hadramaut, según fuentes oficiales citadas por Reuters.
Arabia Saudita denunció además ataques hutíes contra su territorio que dejaron once civiles heridos, entre ellos un niño de cuatro años. Funcionarios sauditas sostienen que información de inteligencia regional apunta a la preparación de nuevos ataques de fuerzas alineadas con Irán, tanto desde Yemen como desde milicias asentadas en Irak.
En respuesta, las fuerzas gubernamentales de Yemen iniciaron nuevas operaciones contra posiciones, combatientes y equipamiento hutí en distintos frentes, aumentando el riesgo de que el conflicto interno vuelva a adquirir una dimensión militar mucho mayor.
La conexión estratégica resulta evidente: Ormuz controla el ingreso y salida marítima del Golfo Pérsico, mientras Bab el-Mandeb conecta el mar Rojo con el océano Índico. Una interrupción simultánea de ambos pasos colocaría bajo presión buena parte de las exportaciones energéticas de los países árabes y del comercio entre Asia y Europa.
Las consecuencias ya pueden medirse.
Los ataques y restricciones sobre Ormuz redujeron drásticamente el número de embarcaciones que atraviesan la zona. En julio, hubo jornadas en las que apenas tres buques de materias primas consiguieron cruzar el estrecho, mientras numerosas embarcaciones detuvieron su marcha o modificaron sus rutas por temor a ataques.
La petrolera emiratí ADNOC informó esta semana que 15 de sus embarcaciones habían sido atacadas con misiles o drones desde el comienzo de las hostilidades, con un tripulante muerto y veinte heridos. La compañía reclamó expresamente respeto por la libre navegación comercial.
El conflicto también mantiene en alerta los mercados. El petróleo Brent terminó esta semana en US$83,55 el barril y el WTI en US$78,18, con operadores siguiendo cada movimiento de las negociaciones sobre Ormuz ante el riesgo de una nueva interrupción de suministros.
Antes de la actual guerra, alrededor del 20% del petróleo y del gas natural licuado comercializados mundialmente atravesaba el estrecho, convirtiéndolo en uno de los puntos geopolíticos más sensibles del planeta.
Ese peso económico explica también por qué la amenaza de la Guardia Revolucionaria excede ampliamente una disputa bilateral con Estados Unidos.
Cada vez que Teherán condiciona el paso de buques a la aceptación de sus exigencias, la presión alcanza también a Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, grandes importadores asiáticos y consumidores de energía de todo el mundo.
La definición de Mohebbi deja además al descubierto la contradicción entre el discurso diplomático del gobierno iraní y la conducta del sector más radicalizado del régimen. Mientras funcionarios de Teherán negocian con Mascate nuevas coordenadas para permitir el regreso de los barcos, la Guardia Revolucionaria proclama que ninguna reapertura será posible hasta que Washington se someta a las condiciones iraníes.
La navegación internacional queda así utilizada otra vez como rehén de la confrontación del régimen islámico con sus adversarios.
Y esta vez la advertencia no fue pronunciada por un diplomático en una mesa negociadora, sino por la organización militar e ideológica que controla buena parte del aparato misilístico iraní, mantiene vínculos con milicias regionales y posee capacidad operativa directa sobre las aguas del estrecho.
Fuentes consultadas: Reuters, Associated Press, Departamento de Estado de Estados Unidos, National Counterterrorism Center, Tasnim, fuentes gubernamentales de Yemen y antecedentes de las negociaciones entre Irán, Omán y Estados Unidos sobre el estrecho de Ormuz.




