La Fuerza Aérea Argentina celebra este lunes 114 años desde la creación de la Escuela de Aviación Militar en El Palomar, origen de una institución que atravesó más de un siglo de desarrollo tecnológico, operaciones antárticas, misiones humanitarias y una página decisiva de la historia nacional durante la Guerra de Malvinas. El aniversario encuentra a la fuerza incorporando los F-16 y recuperando capacidades supersónicas, mientras mantiene como núcleo de su identidad el legado de los pilotos que en 1982 atacaron a la flota británica en condiciones extremas y convirtieron su bautismo de fuego en una de las actuaciones militares argentinas más reconocidas del conflicto.
Buenos Aires – 10 Agosto 2026 – Total News Agency – TNA.- La Fuerza Aérea Argentina (FAA) celebra este lunes su 114º aniversario, una fecha que remite al 10 de agosto de 1912, cuando el entonces presidente Roque Sáenz Peña firmó el decreto de creación de la Escuela de Aviación Militar en El Palomar, primer organismo estatal destinado específicamente a la enseñanza del vuelo militar y antecedente directo de la actual fuerza aérea nacional.
Aquella decisión fue resultado de una etapa pionera en la que la aviación todavía tenía mucho de aventura, desafío tecnológico y vocación personal. El Aero Club Argentino había comenzado a impulsar la utilización militar del avión y una comisión denominada Pro Flotilla Aero Militar Argentina reunió fondos para adquirir aparatos, mientras figuras como Jorge Newbery contribuían con conocimientos, vuelos de demostración y la construcción de una cultura aeronáutica que todavía no tenía estructura estatal propia. El propio Aero Club Argentino cedió instalaciones, asesoramiento y profesores para poner en marcha la nueva escuela.
Newbery se transformaría rápidamente en uno de los grandes símbolos de aquella etapa. En noviembre de 1912 cruzó el Río de la Plata en un Blériot XI, volando de ida y vuelta entre El Palomar y Colonia en la misma jornada, y posteriormente alcanzó un récord mundial de altura antes de morir en 1914 durante una exhibición aérea en Mendoza. La historia oficial de la fuerza lo reconoce como uno de los artífices y fundadores de la aeronáutica militar argentina.
El proceso iniciado en 1912 fue creciendo durante las décadas siguientes hasta que, el 4 de enero de 1945, la aviación militar adquirió el rango de fuerza armada independiente mediante la creación de la Secretaría de Aeronáutica, separándose definitivamente de la estructura del Ejército Argentino. Desde entonces, la institución atravesó sucesivas etapas de modernización, llegó a convertirse en la primera fuerza aérea latinoamericana equipada con reactores Gloster Meteor y participó en desarrollos nacionales como los Pulqui, el Pucará y posteriormente el Pampa.
Sin embargo, ninguna etapa de su historia quedó tan profundamente incorporada a su identidad como la Guerra de Malvinas de 1982.
El 1º de mayo de ese año la Fuerza Aérea Argentina recibió su bautismo de fuego frente a una de las fuerzas aeronavales más poderosas del mundo. Durante aquella primera jornada fueron ordenadas 58 misiones con IA-58 Pucará, A-4B Skyhawk, A-4C Skyhawk, Mirage IIIEA, IAI M5 Dagger y bombarderos Canberra, mientras los KC-130 Hércules realizaban reabastecimiento en vuelo y otras aeronaves cumplían tareas de transporte, evacuación sanitaria y apoyo operativo.
Las operaciones de aquel día anticiparon lo que ocurriría durante las semanas siguientes: pilotos argentinos volando al límite del combustible, a muy baja altura sobre el Atlántico Sur para reducir la detección radar, enfrentándose a Sea Harrier, misiles antiaéreos y una flota británica protegida por destructores y fragatas dotados de sistemas defensivos tecnológicamente superiores.
Entre aquellas acciones se destacó la de la escuadrilla Torno, integrada por tres M5 Dagger comandados por el capitán Norberto Dimeglio, el primer teniente César Román y el teniente Gustavo Aguirre Faget, que atacó el 1º de mayo a unidades británicas que estaban efectuando fuego naval contra posiciones argentinas. La incursión consiguió dañar a los buques y obligó a interrumpir el cañoneo, mientras los tres aviones regresaron sin bajas.
Ese mismo día murieron pilotos como el capitán Gustavo García Cuerva y el primer teniente José Ardiles, además de otros integrantes de la fuerza que cayeron durante los ataques británicos. García Cuerva, después de combatir con Sea Harrier y quedar con combustible insuficiente para regresar al continente, intentó aterrizar en Puerto Argentino y murió cuando su Mirage IIIEA fue alcanzado por fuego propio al ser confundido con una aeronave enemiga.
Las misiones de Malvinas continuaron durante todo el conflicto y obligaron a las tripulaciones a desarrollar tácticas de ataque que luego serían estudiadas por fuerzas aéreas extranjeras. La FAA contabiliza oficialmente 445 salidas de combate efectivas, además de operaciones de transporte, reconocimiento, abastecimiento, evacuación y reabastecimiento en vuelo.
El costo humano fue enorme. La institución reconoce como 55 Héroes Nacionales a los integrantes de la Fuerza Aérea muertos durante el conflicto: 36 oficiales, 14 suboficiales y cinco soldados. Esa nómina constituye uno de los elementos centrales de la memoria institucional y explica por qué cada aniversario de la fuerza está inevitablemente vinculado con los pilotos y personal que combatieron en el Atlántico Sur.
El reconocimiento al coraje de los aviadores argentinos trascendió además las fronteras nacionales. Documentación histórica difundida por el propio Ministerio de Defensa recuerda que hacia el final del conflicto el comandante de la fuerza de tareas británica, almirante John “Sandy” Woodward, describió el grado de desgaste de sus fuerzas y reconoció la extrema presión ejercida por los ataques argentinos cuando la campaña entraba en sus últimos días.
La heroicidad de aquellos pilotos no se explica únicamente por los resultados obtenidos contra la flota británica, sino por las condiciones en las que volaron. Muchos debían recorrer cientos de kilómetros desde bases continentales, atacar a velocidades elevadas prácticamente rozando el mar para reducir su exposición radar, realizar una sola pasada sobre objetivos fuertemente defendidos y regresar con márgenes de combustible mínimos. Esa combinación de inferioridad tecnológica, riesgo extremo y decisión operativa convirtió a los ataques de los A-4 Skyhawk, Dagger, Mirage y Canberra en una de las imágenes perdurables de la guerra.
La conmemoración de este lunes se produce, además, en un momento especialmente significativo para la institución debido a la incorporación del sistema de armas F-16, con el que Argentina comenzó a recuperar una capacidad de caza supersónica que había quedado severamente reducida después de la baja de los Mirage. La propia fuerza considera que el programa no representa solamente la llegada de un nuevo avión, sino una transformación de doctrina, adiestramiento, infraestructura, mantenimiento e interoperabilidad con otras fuerzas aéreas.
Los F-16 serán precisamente uno de los protagonistas visibles de la celebración. La Base Aérea Militar Morón fue elegida como sede del acto central por el 114º aniversario y está previsto un importante desfile aéreo y terrestre, con participación de más de 30 aeronaves de diferentes sistemas de armas.
Como parte de las actividades, una formación de F-16 tiene previsto realizar un pasaje sobre puntos emblemáticos de Buenos Aires, incluyendo el Obelisco, el Aeroparque Jorge Newbery, la Costanera Norte y la zona del estadio Monumental, una demostración destinada tanto a conmemorar la fecha como a exhibir públicamente la nueva capacidad incorporada por la fuerza. Las prácticas realizadas durante los días previos ya pudieron observarse sobre distintos sectores del área metropolitana.
La ceremonia institucional contará con autoridades del Ministerio de Defensa y de la conducción de la FAA, en momentos en que el ministro Carlos Alberto Presti y el jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea, brigadier general Gustavo Javier Valverde, conducen una etapa caracterizada por la incorporación de los cazas estadounidenses y la modernización de instalaciones y procedimientos asociados a su operación.
El aniversario encuentra así a la Fuerza Aérea Argentina mirando simultáneamente hacia sus orígenes y hacia una nueva etapa tecnológica. Desde aquellos primeros aviones reunidos mediante aportes privados y el impulso de pioneros como Jorge Newbery, pasando por el desarrollo aeronáutico nacional, las operaciones antárticas y las campañas de apoyo humanitario, hasta llegar al actual programa F-16, la institución atravesó más de un siglo de transformaciones. La propia FAA destacó al conmemorar sus 114 años que esa modernización se apoya sobre la experiencia acumulada por generaciones anteriores y sobre el legado de quienes participaron en la defensa de las Islas Malvinas.
El próximo capítulo inmediato será la incorporación progresiva de los nuevos sistemas de armas, el entrenamiento de pilotos y técnicos y la adaptación de la infraestructura necesaria para sostener una capacidad de combate moderna, pero el componente histórico permanecerá inseparable de esa transformación: cuarenta y cuatro años después de la guerra, los nombres de los aviadores que despegaron hacia el Atlántico Sur continúan formando parte central de la identidad de una fuerza que celebra su aniversario mientras vuelve a escuchar sobre sus bases el rugido de cazas supersónicos.
Fuentes consultadas: Fuerza Aérea Argentina (FAA), Ministerio de Defensa, Argentina.gob.ar, documentación histórica de la Gesta de Malvinas, antecedentes de la Escuela de Aviación Militar y comunicaciones oficiales sobre el 114º aniversario y el sistema de armas F-16.




