Por Dario Rosatti
Moscú apostó a reemplazar el gigantesco mercado europeo con China después de invadir Ucrania, pero cuatro años más tarde el Power of Siberia 2 continúa sin contrato comercial definitivo, sin precio acordado y sin fecha de construcción. Pekín aprovechó la debilidad rusa para imponer sus tiempos mientras Europa redujo drásticamente su dependencia energética de Moscú y los ataques ucranianos sobre refinerías provocan ahora escasez de combustible dentro de la propia Rusia.
Moscú – 28 Agosto 2026 – Total News Agency – TNA – Vladimir Putin creyó que podía cambiar de comprador sin cambiar de negocio. Durante décadas, Rusia construyó una formidable posición de poder sobre Europa mediante gas abundante y relativamente barato, grandes gasoductos y contratos de largo plazo que terminaron convirtiendo a importantes economías europeas, especialmente Alemania, en dependientes del suministro ruso. Cuando el Kremlin invadió Ucrania en 2022, calculó que podía trasladar hacia China una parte sustancial de aquel negocio. Cuatro años después, el resultado se parece mucho más a una emboscada comercial china que al anunciado “giro hacia Asia”.

En 2021, inmediatamente antes de la guerra, el gas ruso representaba alrededor del 45% de las importaciones de gas de la Unión Europea y casi el 40% de todo su consumo. La dependencia había crecido durante años pese a las advertencias estratégicas originadas incluso en las interrupciones rusas de suministro de 2006 y 2009. Moscú había conseguido algo extraordinario: colocar una parte esencial de la industria y calefacción europea dentro de una red energética cuyo grifo estaba, literalmente, en manos del Kremlin.
La invasión cambió todo. Europa pagó inicialmente un precio altísimo por desprenderse de esa dependencia, construyó terminales de GNL, aumentó compras a Noruega, Estados Unidos y otros proveedores, redujo consumo y aceleró renovables. Para 2025, la participación rusa había caído al 12% de las importaciones comunitarias, desde aquel 45% de 2021. Todavía subsisten compras de GNL ruso y algunos contratos en proceso de eliminación, pero la relación estructural que daba a Moscú capacidad de presión sobre Europa quedó quebrada.
El volumen perdido resulta brutal. Las exportaciones de Gazprom hacia Europa habían alcanzado unos 175.000 a 180.000 millones de metros cúbicos anuales en 2018-2019. En 2024 habían caído a unos 32.000 millones, y posteriormente siguieron reduciéndose tras finalizar el tránsito por Ucrania. Rusia llegó incluso a estudiar cómo absorber internamente el enorme excedente de gas mediante industrias petroquímicas, centros de datos o minería de criptomonedas.
Allí debía aparecer China.
El Power of Siberia 2, un viejo proyecto recuperado con urgencia después de la ruptura con Europa, promete transportar alrededor de 50.000 millones de metros cúbicos anuales desde los gigantescos yacimientos de Yamal, en Siberia occidental, hasta China atravesando Mongolia. Es precisamente gas procedente de la gran base productiva construida durante décadas para abastecer al mercado europeo.
Para Putin, el proyecto era la pieza que debía demostrar que Europa podía ser reemplazada. Para Xi Jinping, en cambio, Rusia pasó a ser un proveedor necesitado de comprador.
Esa diferencia explica buena parte del fracaso ruso.
Moscú necesita vender. Pekín puede esperar. China produce cada vez más gas propio, dispone de suministros desde Asia Central, importa GNL, desarrolla masivamente energía solar, eólica y nuclear y ya recibe gas ruso mediante el Power of Siberia 1. Desde 2027 incorporará además otra conexión desde el Lejano Oriente ruso. Esa variedad de alternativas permite a Xi negociar desde una posición que Putin ya no posee.
La consecuencia quedó expuesta durante la visita de Putin a China en mayo. Moscú llegó esperando avances decisivos sobre Power of Siberia 2. El Kremlin terminó anunciando apenas un “entendimiento” sobre el trazado y la forma de construcción. Los asuntos que realmente convierten un dibujo sobre un mapa en un negocio —precio, condiciones comerciales y calendario— siguieron pendientes. No hubo contrato definitivo ni fecha para comenzar las obras.
El desacuerdo sobre el precio es particularmente revelador. Beijing sabe que Rusia perdió su comprador natural y pretende aprovechar esa debilidad para obtener gas en condiciones mucho más favorables. Moscú necesita, en cambio, una tarifa suficientemente alta para financiar una infraestructura de miles de kilómetros y sustituir al menos parcialmente los ingresos europeos perdidos. China no necesita rescatar a Gazprom; puede esperar hasta que Gazprom acepte.
El resultado invierte completamente la relación de poder. Durante años Putin podía insinuar a Europa que cerraría el grifo. Ahora es Xi quien puede mantener cerrado el contrato.
La situación energética rusa adquiere mientras tanto una dimensión casi paradójica. Uno de los mayores productores de hidrocarburos del planeta enfrenta problemas para abastecer de nafta a sus propios habitantes. Los ataques ucranianos contra refinerías de Perm, Nizhny Novgorod, Yaroslavl y otras instalaciones redujeron a fines de agosto la producción de gasolina hasta unas 80.000 toneladas diarias, aproximadamente el 70% de la demanda interna. Varias regiones restablecieron restricciones a las ventas y Rusia tuvo que incrementar importaciones desde Belarús y otros mercados.
El cuadro coincide con una economía prácticamente estancada. El Banco Central de Rusia redujo en julio su previsión de crecimiento para 2026 a una banda de entre 0% y 1%, mientras elevó su proyección de inflación al 6%-7%. El déficit presupuestario también aumentó por el peso del gasto estatal y militar.
Incluso Gazprom informó este viernes una caída del 12% en su beneficio del primer semestre, aunque conserva rentabilidad y aumenta ventas hacia China por las rutas ya existentes. La compañía que alguna vez dominó el mercado europeo perdió, sin embargo, la mayor parte de aquella clientela.
China no rompió formalmente el Power of Siberia 2: hizo algo posiblemente más incómodo para Putin. Lo dejó pendiente, evitando comprometerse con las condiciones que Moscú necesita mientras continúa comprando energía rusa allí donde obtiene ventajas. Xi puede utilizar petróleo y gas rusos baratos sin financiar necesariamente la gigantesca infraestructura que permitiría al Kremlin reconstruir en Oriente el mercado que destruyó en Occidente.
La ironía estratégica resulta difícil de ocultar. Rusia pasó años construyendo la dependencia energética europea y creyó que, después de atacar Ucrania, podía sustituir Berlín, Roma, Viena y buena parte del continente simplemente tendiendo tuberías hacia Beijing. Europa sufrió el divorcio pero encontró otros proveedores. Putin, en cambio, descubrió que un cliente cautivo era mucho más valioso que un supuesto aliado que sabe perfectamente que el vendedor no tiene demasiadas alternativas.
Fuentes consultadas
Agencia Internacional de Energía (IEA); Comisión Europea; Reuters; Gazprom; Banco Central de Rusia; Kremlin; datos del mercado energético europeo y chino; información sectorial sobre Power of Siberia 2 y mercados de gas natural.
No dejes que el algoritmo oculte las noticias. Si confías en este sitio para obtener información confiable, por favor dedica un momento a seleccionarnos como tu fuente preferida en Google: haz clic aquí y marca el casillero o pulsa el botón de TotalNewsAgency.com para ver siempre nuestras noticias verificadas en tus preferencias.





