Buenos Aires, 12 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- La última encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés, elaborada por el Laboratorio de Observación de la Opinión Pública (LOOP) bajo la dirección del Dr. Diego Reynoso, dejó una radiografía tan precisa como incómoda para el Gobierno de Javier Milei: la caída de la aprobación parece haberse frenado, pero la sociedad sigue sumergida en un fuerte malestar por la situación económica, los bajos salarios, la falta de trabajo, la corrupción y la sensación generalizada de deterioro.
El relevamiento se realizó entre el 6 y el 8 de mayo de 2026 sobre 1006 casos, con una muestra estratificada por región, nivel socioeconómico y edad, ponderada según el voto de octubre de 2025. El margen estimado es de aproximadamente +/- 3,15 puntos porcentuales.
El primer gran dato es que la satisfacción con la marcha general del país sigue en niveles bajos. Apenas el 29% de los consultados dijo sentirse satisfecho con cómo marchan las cosas, mientras que la insatisfacción neta llega al 68%. Es decir: el oficialismo logró dejar de caer en seco, pero no consiguió convencer a la mayoría de que el rumbo ya está dando resultados tangibles.
Satisfacción con la marcha general de las cosas
Muy satisfecho/a: 6%
Algo satisfecho/a: 23%
No sabe: 2%
Algo insatisfecho/a: 20%
Muy insatisfecho/a: 48%
Satisfacción total: 29%
Insatisfacción total: 68%
Ese registro confirma que el humor social continúa severamente castigado. El número mejora apenas un punto respecto de abril, pero no alcanza para hablar de recuperación. Más bien sugiere una estabilización en terreno bajo, algo que para cualquier gobierno es una noticia incompleta: mejor que seguir cayendo, pero insuficiente para transmitir fortaleza política.
La evaluación general del Gobierno de Milei acompaña ese mismo patrón. La aprobación presidencial se ubica en 37%, mientras que la desaprobación alcanza 60%. El Presidente sube un punto en aprobación y baja uno en desaprobación respecto de la medición anterior, pero sigue claramente en zona de mayoría adversa.
Aprobación del gobierno de Javier Milei
Apruebo mucho: 12%
Apruebo algo: 26%
No sabe: 3%
Desapruebo algo: 12%
Desapruebo mucho: 48%
Aprobación total: 37%
Desaprobación total: 60%
La lectura política de este cuadro es clara: Milei ingresó en una meseta, pero esa meseta está asentada sobre un piso todavía frágil. El Gobierno consiguió frenar la hemorragia, aunque no logró aún retomar impulso. Incluso en comparación histórica, la encuesta muestra que su aprobación se mantiene por debajo de la que exhibía Mauricio Macri en el mismo tramo de gestión, aunque por encima de la de Alberto Fernández.
Más aún, cuando se desagrega la satisfacción institucional, aparece otro dato delicado: el Poder Ejecutivo sufrió una caída de tres puntos en la satisfacción específica respecto del mes anterior. Es el poder mejor evaluado, pero eso no significa que esté bien: apenas 23% se declara satisfecho con su desempeño.
Satisfacción con el desempeño de los poderes
Marcha general de las cosas: 29% satisfecho
Poder Ejecutivo: 23% satisfecho
Poder Judicial: 19% satisfecho
Senado: 16% satisfecho
Diputados: 15% satisfecho
El dato también sirve para leer la crisis de representación argentina en su conjunto. El Legislativo sigue en niveles paupérrimos y el Judicial tampoco despega. Pero el oficialismo no puede refugiarse en el clásico “todos están mal”: la caída del Ejecutivo indica que el desgaste ya impacta sobre quien tiene la responsabilidad central de gobernar.
En cuanto a las políticas públicas, el estudio de UdeSA muestra que las áreas mejor valoradas del Gobierno son la política exterior, defensa y energía. Allí Milei conserva una ventaja relativa, probablemente asociada a su alineamiento internacional, su discurso geopolítico y la percepción de mayor decisión en ciertos frentes estratégicos. Sin embargo, en ninguna de las áreas evaluadas logra mayoría de satisfacción.
Satisfacción con áreas de política pública
Política exterior
Muy satisfecho: 14%
Algo satisfecho: 24%
Satisfacción total: 38%
Política de defensa
Muy satisfecho: 11%
Algo satisfecho: 26%
Satisfacción total: 37%
Política energética
Muy satisfecho: 10%
Algo satisfecho: 25%
Satisfacción total: 35%
Política económica
Muy satisfecho: 10%
Algo satisfecho: 22%
Satisfacción total: 32%
Política de seguridad
Muy satisfecho: 9%
Algo satisfecho: 23%
Satisfacción total: 32%
Política social
Muy satisfecho: 6%
Algo satisfecho: 22%
Satisfacción total: 28%
Política científica
Muy satisfecho: 5%
Algo satisfecho: 20%
Satisfacción total: 25%
Política educativa
Muy satisfecho: 5%
Algo satisfecho: 20%
Satisfacción total: 25%
Política de salud
Muy satisfecho: 5%
Algo satisfecho: 20%
Satisfacción total: 25%
Obras públicas e infraestructura
Muy satisfecho: 4%
Algo satisfecho: 17%
Satisfacción total: 21%
Este bloque confirma una tensión central del mileísmo: su fuerte retórico y simbólico no coincide con las áreas que más golpean la vida cotidiana. La política exterior puede gustar, la defensa puede ser bien vista y la energía puede generar expectativa, pero la sociedad sigue mirando sobre todo el bolsillo, el empleo, los servicios básicos y su propia situación material.
Ahí aparecen los principales problemas que hoy identifica la gente. Y el resultado es terminante: los bajos salarios y la falta de trabajo encabezan las preocupaciones con 37% cada uno, seguidos muy de cerca por la corrupción, con 36%. La inflación, que fue el gran tema de la campaña y del primer tramo de gestión, vuelve a figurar, pero ya no lidera: aparece con 22%.
Principales problemas del país
Bajos salarios: 37%
Falta de trabajo: 37%
Corrupción: 36%
Pobreza: 30%
Los políticos: 26%
Inseguridad: 26%
Inflación: 22%
Educación: 14%
Endeudamiento externo: 13%
Salud: 12%
Narcotráfico: 10%
Justicia: 10%
Obras públicas: 4%
Gasto público: 4%
Acceso a la vivienda: 4%
Este es probablemente el corazón del estudio. La sociedad ya no está discutiendo sólo si la inflación baja o no. Lo que domina es una sensación concreta: se gana poco, se trabaja menos o con más incertidumbre, y la corrupción sigue siendo un problema estructural. Dicho de otro modo, el ajuste fiscal puede ser valorado en algunos sectores, pero todavía no se traduce en alivio cotidiano para una mayoría.
El sondeo también indaga sobre el balance entre pasado y futuro. Allí se ve otra fractura importante. Retrospectivamente, el balance es muy negativo: 58% cree que la situación del país empeoró respecto de hace un año. Sólo 18% opina que mejoró. En el plano personal, 56% considera que su situación económica está peor que en mayo de 2025.
Percepción retrospectiva sobre la situación del país y personal
Situación del país respecto de hace un año
Mejoró: 18%
Está igual: 20%
Empeoró: 58%
Situación personal respecto de hace un año
Mejoró: 13%
Está igual: 29%
Empeoró: 56%
Hacia adelante, el pesimismo baja, pero sigue prevaleciendo. Un 44% cree que el país empeorará en el próximo año, mientras 26% piensa que mejorará. En la situación personal, 37% cree que estará peor y 25% que estará mejor.
Percepción prospectiva sobre la situación del país y personal
Situación del país dentro de un año
Mejorará: 26%
Estará igual: 21%
Empeorará: 44%
Situación personal dentro de un año
Mejorará: 25%
Estará igual: 27%
Empeorará: 37%
Ese cuadro revela un rasgo interesante del electorado argentino actual: el pasado se evalúa muy mal, pero el futuro todavía no está totalmente clausurado. Eso explica por qué Milei retiene una parte relevante de apoyo: muchos ciudadanos dicen estar peor, pero una porción todavía conserva la esperanza de una mejora. En el universo libertario, esa esperanza sigue siendo el activo principal del Presidente.
La encuesta también incluyó un capítulo muy sensible para el relato original de Milei: la dolarización. Los resultados son muy significativos porque muestran que más del 63% está de acuerdo con que no se haya dolarizado la economía, independientemente del argumento que se utilice para justificar esa marcha atrás.
Experimento sobre la no dolarización
Grupo 1 – Explicación política atribuida a Javier Milei
Muy de acuerdo: 34%
Algo de acuerdo: 29%
Total de acuerdo: 63%
Grupo 2 – Explicación técnica
Muy de acuerdo: 39%
Algo de acuerdo: 28%
Total de acuerdo: 67%
Grupo de control
Muy de acuerdo: 39%
Algo de acuerdo: 28%
Total de acuerdo: 67%
El hallazgo muestra que la sociedad argentina parece haber internalizado que dolarizar, al menos en este contexto, no era viable o implicaba demasiados riesgos. Es un giro de fondo, porque le saca centralidad a una de las banderas más audaces de la campaña libertaria.
En línea con eso, también aparece una preferencia más concreta: la mayoría prefiere cobrar en pesos y no en dólares.
Moneda preferida para cobrar el salario
Prefiere cobrar en pesos: 47%
Prefiere cobrar en dólares: 29%
No sabe: 17%
Prefiere no responder: 7%
La política, naturalmente, también fue medida en nombres propios. Allí el panorama es demoledor: todos los dirigentes relevados tienen diferencial de imagen negativo. Aun así, algunos conservan más volumen que otros. Patricia Bullrich lidera la imagen positiva con 37%, seguida por Javier Milei con 35%. Detrás aparecen Cristina Fernández de Kirchner y Myriam Bregman, ambas con 32%; luego Victoria Villarruel y Axel Kicillof, con 31%.
Imagen positiva de principales dirigentes
Patricia Bullrich: 37%
Javier Milei: 35%
Cristina Fernández de Kirchner: 32%
Myriam Bregman: 32%
Victoria Villarruel: 31%
Axel Kicillof: 31%
Mauricio Macri: 29%
Elisa Carrió: 28%
Jorge Macri: 27%
Nicolás del Caño: 24%
Juan Grabois: 24%
Juan Schiaretti: 22%
Sergio Massa: 22%
La oposición, de todos modos, no aparece unificada detrás de un solo liderazgo. Entre quienes desaprueban al Gobierno, los perfiles que mejor retienen adhesión son Axel Kicillof y Cristina Kirchner, ambos con 49%, y Myriam Bregman, con 46%. Eso muestra que el antioficialismo no está ordenado alrededor de una sola jefatura, sino distribuido en varios polos.
Pero si hay un dato demoledor en el trabajo de UdeSA, ese es el que golpea a los funcionarios del Gobierno, en especial a quienes forman parte del esquema más cercano al poder presidencial. La figura más dañada es Manuel Adorni, cuya desaprobación alcanza un récord de 73% y cuyo diferencial de imagen cae a -59, el peor de todo el gabinete. Tampoco sale indemne Karina Milei, que presenta un diferencial de -51.
Imagen de ministros y funcionarios
Diego Santilli
Positiva total: 28%
Diferencial: -16%
Sandra Pettovello
Positiva total: 27%
Diferencial: -18%
Luis Caputo
Positiva total: 27%
Diferencial: -29%
Federico Sturzenegger
Positiva total: 22%
Diferencial: -25%
Karina Milei
Positiva total: 18%
Diferencial: -51%
Manuel Adorni
Positiva total: 14%
Negativa total: 73%
Diferencial: -59%
La caída de Adorni ya no es un matiz, sino un problema político severo. En un Gobierno que desde el primer día hizo de la comunicación un instrumento central de combate, que el principal comunicador y luego jefe de Gabinete termine con semejante nivel de rechazo es una pésima noticia. Significa desgaste, pérdida de credibilidad y daño en un área vital para el oficialismo.
El estudio también se detuvo en la dimensión emocional que genera Milei. Allí se observa una polarización extrema. Entre quienes aprueban su gestión predomina la esperanza. Entre quienes la desaprueban, dominan sentimientos como vergüenza, rechazo y asco. Es decir, el Presidente conserva un núcleo que todavía cree, pero enfrenta un bloque mayoritario de rechazo intenso.
Ese es, en el fondo, el retrato más exacto del momento político. Milei no está derrumbado, pero tampoco fuerte. Tiene una base leal, pero no logra expandirse. La aprobación dejó de desplomarse, aunque la insatisfacción sigue siendo alta. La economía puede mostrar ciertos logros técnicos, pero la calle sigue hablando de salarios, empleo y corrupción. Y varios de sus principales rostros públicos, especialmente Adorni, ya entraron en zona de desgaste acelerado.
Para el Gobierno, el mensaje de la encuesta es claro. El orden fiscal y la batalla contra el populismo pueden seguir siendo pilares correctos desde la mirada de una parte importante del electorado, pero la política exige algo más que convicción ideológica. Exige resultados visibles, defensa inteligente de los activos propios, menos errores no forzados y mayor sensibilidad respecto de lo que la sociedad realmente está sintiendo.
La Universidad de San Andrés muestra que el mileísmo logró una pausa en la caída, pero no un rebote. Y en política, cuando una administración entra en meseta mientras el malhumor social sigue arriba, el riesgo es que la estabilidad no sea fortaleza, sino apenas un descanso antes de una nueva tensión.




