Buenos Aires, 12 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- La crisis política que rodea a Manuel Adorni volvió a sacudir la interna del Gobierno y expuso, una vez más, el clima de tensión que atraviesa La Libertad Avanza. La senadora nacional y jefa del bloque oficialista en la Cámara alta, Patricia Bullrich, intentó este martes bajar el tono a los trascendidos sobre una reunión de Gabinete marcada por fuertes cruces, aunque terminó dejando una frase que confirmó la temperatura del encuentro: “El Presidente tiene una emocionalidad importante”.
La definición de Bullrich llegó después de que circularan versiones sobre una reunión áspera en la Casa Rosada, realizada el viernes pasado, en la que el presidente Javier Milei habría salido en defensa de Adorni frente a planteos internos vinculados a su situación judicial y patrimonial. Según esas reconstrucciones, el mandatario habría elevado el tono ante sus funcionarios para dejar claro que no piensa desprenderse de su jefe de Gabinete y que no está dispuesto a “tirar a un honesto por la ventana”.
Consultada por la prensa al ingresar a JONAGRO, la jornada organizada en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, Bullrich buscó relativizar la escena. “No lo definiría como un grito”, sostuvo, aunque admitió que Milei se expresó con intensidad. La ex ministra de Seguridad, hoy una de las principales espadas parlamentarias del oficialismo, evitó profundizar en los detalles del cónclave y remarcó que las reuniones de Gabinete pertenecen al ámbito interno del Gobierno.
La frase, sin embargo, no pasó inadvertida. En política, cuando alguien niega un grito pero reconoce “emocionalidad importante”, suele estar confirmando que el clima distó bastante de una charla de sobremesa. El episodio dejó al descubierto una incomodidad creciente dentro del oficialismo respecto de la continuidad de Adorni, cuya situación judicial ya no es sólo un problema de imagen, sino también un factor que complica la agenda legislativa, la relación con aliados y la capacidad del Gobierno para recuperar iniciativa política.
El Presidente, por ahora, decidió blindarlo. En el entorno libertario sostienen que Milei considera a Adorni una pieza central de su esquema político y comunicacional, y que no aceptará una presión opositora para forzar una salida. La defensa presidencial se apoya en la presunción de inocencia y en la convicción de que el caso forma parte de una ofensiva política y mediática contra el Gobierno.
Pero puertas adentro el escenario es más complejo. Algunos funcionarios creen que la prolongación del caso erosiona el discurso de transparencia y eficiencia que el oficialismo utiliza como contraste frente al kirchnerismo y la vieja política. Otros temen que el ruido judicial termine condicionando reformas clave, como la Ley Hojarasca, el proyecto impulsado por Federico Sturzenegger para derogar decenas de normas obsoletas que todavía permanecen vigentes y generan trabas burocráticas.
La oposición, mientras tanto, busca capitalizar el desgaste. En la Cámara de Diputados ya se promovieron pedidos de interpelación e incluso iniciativas vinculadas a una eventual moción de censura contra Adorni. Aunque el oficialismo confía en que tiene margen para bloquear esas maniobras, cada negociación consume recursos políticos en un Congreso donde La Libertad Avanza no tiene mayoría propia y depende de acuerdos con bloques dialoguistas.
En ese contexto, el rol de Bullrich se volvió especialmente sensible. La senadora había planteado la necesidad de que Adorni presentara cuanto antes su declaración jurada para disipar dudas y evitar que el tema siguiera escalando. Su postura no implica una ruptura con el Gobierno, pero sí marca una diferencia de tono respecto del círculo más cerrado del Presidente, que prefiere cerrar filas y resistir cualquier presión externa.
La tensión también se proyecta sobre la relación con el PRO, principal aliado parlamentario del oficialismo. El espacio fundado por Mauricio Macri viene expresando reparos frente a determinadas actitudes del Gobierno y busca recuperar identidad propia en medio de una alianza que combina cooperación legislativa, competencia electoral y desconfianza. Para el macrismo, acompañar reformas no significa firmar un cheque en blanco.
El episodio de Gabinete muestra, además, una característica central del estilo Milei: conducción personalista, defensa enfática de los propios y rechazo frontal a lo que interpreta como operaciones del sistema político tradicional. Esa impronta le permitió construir liderazgo, pero también puede transformarse en un costo cuando la crisis exige frialdad, administración de daños y señales institucionales más precisas.
La frase de Bullrich funciona como una radiografía involuntaria del momento oficialista. El Gobierno conserva iniciativa en sectores de la economía y mantiene una base política movilizada, pero enfrenta una acumulación de frentes que no puede minimizar: causas judiciales, roces internos, tensión con aliados, dificultades legislativas y una oposición que busca instalar la idea de desgaste prematuro.
Por ahora, Adorni sigue en pie y Milei lo respalda sin matices. Pero el costo de ese respaldo empieza a medirse no sólo en términos judiciales o mediáticos, sino también en gobernabilidad. La pregunta que sobrevuela la Casa Rosada ya no es únicamente si el jefe de Gabinete resistirá la presión, sino cuánto capital político está dispuesto a gastar el Presidente para sostenerlo.





