Jerusalén, 16 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- Israel confirmó la eliminación de Izz al Din Al Haddad, máximo jefe militar de Hamás en la Franja de Gaza y uno de los últimos comandantes relevantes de la vieja estructura terrorista que todavía permanecían activos tras la caída de Yahya Sinwar y Mohamed Sinwar.
El operativo fue ejecutado por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y la agencia de seguridad interior Shin Bet, mediante un ataque aéreo de precisión realizado el viernes por la noche en el barrio de Rimal, en la ciudad de Gaza. Según la información difundida por las autoridades israelíes, el objetivo era neutralizar a quien conducía las Brigadas Izz al Din Al Qassam, el brazo armado de Hamás, y trabajaba para reorganizar la estructura militar del grupo islamista.
La muerte de Al Haddad representa uno de los golpes más duros contra la cúpula de Hamás desde el cese del fuego alcanzado en octubre de 2025 bajo mediación estadounidense. Aunque la tregua redujo la intensidad de los combates abiertos, no detuvo las operaciones selectivas de Israel contra objetivos considerados amenazas activas, especialmente aquellos vinculados al rearme, la planificación de nuevos ataques o la reconstrucción de redes terroristas dentro del enclave palestino.
Fuentes palestinas y agencias internacionales indicaron que el ataque dejó al menos siete muertos, entre ellos la esposa y una hija de Al Haddad, cuyos cuerpos fueron velados este sábado en una mezquita de la ciudad de Gaza. El hecho generó nuevas tensiones en una zona donde la tregua formal convive con episodios recurrentes de violencia, ataques selectivos, operaciones militares y acusaciones cruzadas.
Al Haddad, apodado por algunos reportes como “el fantasma”, no era un cuadro menor. Era considerado uno de los comandantes más experimentados de Hamás, con trayectoria dentro de la organización desde los años ochenta y con responsabilidad directa en la conducción operativa de la estructura militar en Gaza. Tras la muerte de Mohamed Sinwar en 2025, había asumido un rol central en la dirección de las capacidades armadas del grupo.
Para Israel, su eliminación tiene un valor estratégico y simbólico. Al Haddad era señalado como uno de los responsables de mantener viva la capacidad de combate de Hamás después de dos años de guerra, pérdidas de mando, destrucción de infraestructura y presión militar constante. También era mencionado por reportes israelíes como uno de los arquitectos o planificadores vinculados al ataque terrorista del 7 de octubre de 2023, cuando Hamás asesinó a más de 1.200 personas en territorio israelí, secuestró a más de 250 y desató la guerra que todavía marca la agenda regional.
Ese punto es central para comprender la respuesta israelí. La guerra en Gaza no comenzó en el vacío ni por generación espontánea: fue consecuencia directa de la masacre ejecutada por Hamás contra civiles israelíes, familias, jóvenes en un festival de música, comunidades fronterizas y soldados. Desde entonces, Israel sostiene que su objetivo es desmantelar la maquinaria terrorista que hizo posible aquel ataque y evitar que el grupo vuelva a tener capacidad de repetirlo.
El jefe del Estado Mayor israelí, teniente general Eyal Zamir, calificó la operación como un logro operativo significativo. En la misma línea, funcionarios israelíes remarcaron que la eliminación de Al Haddad forma parte de una política sostenida: perseguir a los responsables del 7 de octubre y a quienes intenten reconstruir la infraestructura militar de Hamás bajo la cobertura de la tregua.
El primer ministro Benjamin Netanyahu y el ministro de Defensa Israel Katz ya habían advertido que Israel continuaría atacando a los responsables de la masacre y a quienes representen una amenaza directa para la seguridad del país. El mensaje hacia la dirigencia terrorista es claro: el alto el fuego no significa impunidad para los mandos que planificaron, financiaron, ejecutaron o intentan reeditar ataques contra la población israelí.
El golpe llega en un momento especialmente sensible. Desde octubre de 2025 rige un cese del fuego impulsado por Estados Unidos, pero las negociaciones para una solución más amplia siguen empantanadas. Uno de los puntos centrales continúa siendo el futuro de Hamás en la Franja de Gaza, su eventual desarme, el control político del territorio, la devolución de cuerpos de rehenes y la reconstrucción del enclave bajo algún mecanismo que impida el rearme terrorista.
En ese contexto, Al Haddad aparecía como una figura clave para el ala más dura de Hamás. Su objetivo, según informes de inteligencia israelíes, era recomponer cuadros de combate, reorganizar mandos, recuperar arsenales, reconstruir túneles y preparar nuevas operaciones. La eliminación de un jefe de ese nivel dificulta la cadena de mando y golpea la capacidad del grupo para reordenarse tras la caída de sus principales líderes.
Sin embargo, el operativo también puede tensionar aún más una tregua que ya estaba debilitada. Autoridades sanitarias de Gaza, bajo administración de Hamás, sostienen que desde el inicio del cese del fuego se registraron cientos de muertes en distintos episodios de violencia. Israel, por su parte, afirma que sus acciones responden a amenazas concretas, ataques contra sus tropas o intentos de reconstrucción militar por parte de la organización terrorista.
La discusión internacional volverá a centrarse, previsiblemente, en el equilibrio entre la necesidad de neutralizar a jefes terroristas activos y el costo civil de los ataques en una zona densamente poblada. Pero para Israel, la permanencia de comandantes como Al Haddad dentro de Gaza era incompatible con cualquier esquema real de seguridad.
El caso también expone una verdad incómoda para quienes insisten en presentar a Hamás como un actor político convencional. Su estructura militar sigue operando, sus mandos intentan recomponerse y su doctrina continúa basada en la destrucción de Israel, el uso de civiles como escudo y la subordinación de la población palestina a una agenda islamista y terrorista. Mientras esa estructura exista, cualquier paz será frágil.
La eliminación de Izz al Din Al Haddad no significa el final de Hamás, pero sí representa un golpe relevante contra su conducción militar. Después de la caída de Yahya Sinwar, Mohamed Sinwar y otros cuadros de alto nivel, el grupo pierde ahora a uno de los dirigentes con mayor experiencia operativa y capacidad de mando dentro de Gaza.
Para Israel, el mensaje es doble. Hacia adentro, busca mostrar que la promesa de justicia por el 7 de octubre sigue vigente. Hacia afuera, advierte que ningún acuerdo diplomático será aceptable si permite a Hamás reconstruir su aparato militar bajo la protección de una tregua formal.
La pregunta ahora es cómo responderá la organización terrorista y si el golpe acelerará una nueva escalada o profundizará las divisiones internas en una conducción ya debilitada. Lo que queda claro es que Israel no está dispuesto a permitir que los arquitectos de la masacre de 2023 sobrevivan políticamente, se reciclen militarmente y preparen el próximo ataque desde las ruinas de Gaza.





