Buenos Aires – 2 julio 2026 – Total News Agency – TNA-. El presidente Javier Milei habló por teléfono con Keiko Fujimori para felicitarla por su victoria en las elecciones presidenciales de Perú y presentó el resultado como una señal de cambio regional. Para la Casa Rosada, el triunfo de la líder de Fuerza Popular no sólo abre una nueva etapa en la relación bilateral con Lima, sino que fortalece un eje sudamericano de gobiernos alineados con la libertad económica, la seguridad y el rechazo al socialismo.
“Coincidimos en la necesidad de más libertad, crecimiento económico y lucha contra el crimen organizado transnacional”, escribió Milei en X tras la comunicación con la presidenta electa peruana. El mandatario argentino agregó que Perú se suma al bloque de países que, en la región, decidieron “plantarse frente al socialismo” y trabajar en defensa de la libertad. La llamada se produjo después de que el escrutinio oficial confirmara la ventaja de Fujimori sobre el candidato de izquierda Roberto Sánchez.
La victoria de Fujimori fue ajustadísima. Según el conteo final de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), la candidata de Fuerza Popular obtuvo 50,135% de los votos, contra 49,865% de Sánchez. En números absolutos, fueron 9.223.396 votos para la candidata de derecha y 9.173.755 para su rival, una diferencia de apenas 49.641 sufragios sobre más de 18 millones de votos. El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) tenía previsto avanzar con la proclamación formal del resultado el 3 de julio, mientras la asunción presidencial está fijada para el 28 de julio, Día de la Independencia peruana.
El triunfo tiene una carga histórica evidente. Keiko Fujimori, de 51 años, llegó a la Presidencia después de tres derrotas consecutivas en 2011, 2016 y 2021. Será la primera mujer elegida por voto popular para gobernar Perú y encabezará un mandato de cinco años en un país atravesado por la inestabilidad política, la inseguridad, la fragmentación partidaria y el deterioro de la confianza en las instituciones.
Para Milei, el resultado peruano se inscribe en una dinámica regional más amplia. El Presidente ya había felicitado a Fujimori el 30 de junio, cuando afirmó que “el pueblo peruano se suma a Colombia” y que la región quiere volver “al camino de la libertad y la seguridad”. En esa misma línea, sostuvo que los peruanos rechazaron “la debacle comunista” que, según su lectura, representaba Roberto Sánchez.
La respuesta de Fujimori también apuntó a la recomposición del vínculo con Argentina. La presidenta electa agradeció el saludo de Milei y expresó su voluntad de fortalecer los lazos de amistad y cooperación entre ambos países, sobre la base del diálogo, el respeto mutuo, el desarrollo, la libertad y la prosperidad. La expectativa en Buenos Aires es que la relación bilateral entre en una etapa de mayor afinidad ideológica y cooperación política.
El Gobierno argentino analiza, además, la posibilidad de que Milei viaje a Lima para participar de la ceremonia de asunción del 28 de julio, una señal diplomática que consolidaría el acercamiento con la futura administración peruana. En la Casa Rosada consideran que el recambio político en Perú puede abrir oportunidades en materia de comercio, inversiones, coordinación contra el crimen organizado y articulación internacional frente a los gobiernos de izquierda de la región.
El eje de seguridad será uno de los puntos centrales. Perú llega a la transición con una fuerte preocupación social por el avance de la criminalidad organizada, la extorsión, las bandas transnacionales, el narcotráfico y la violencia urbana. Fujimori hizo campaña con un discurso de orden y mano dura, mientras Milei viene promoviendo una agenda regional de combate al crimen organizado junto a gobiernos y liderazgos de derecha. En ese terreno, la relación con Perú podría sumar una nueva plataforma de cooperación policial, judicial y de inteligencia.
Pero el regreso del fujimorismo al Poder Ejecutivo también reabre heridas profundas en la política peruana. Keiko es hija del ex presidente Alberto Fujimori, cuyo gobierno colapsó en el año 2000 tras el escándalo de los denominados “vladivideos”, las grabaciones realizadas por el ex asesor de inteligencia Vladimiro Montesinos que exhibieron pagos a congresistas, jueces, empresarios, militares y dueños de medios para garantizar lealtades políticas. El apellido Fujimori conserva, por eso, una potencia electoral indiscutible, pero también una carga autoritaria que divide a la sociedad peruana.
El margen estrecho del resultado anticipa un gobierno bajo presión. Sánchez se negó a reconocer la derrota, denunció presuntas irregularidades sin presentar pruebas concluyentes y alentó protestas, lo que podría prolongar la tensión política. Además, Fuerza Popular tendrá peso parlamentario, pero no mayoría absoluta, por lo que la nueva presidenta deberá construir acuerdos si pretende garantizar gobernabilidad.
La lectura de Milei es otra: el resultado de Perú, sumado a los cambios políticos en otros países sudamericanos, expresa un corrimiento regional hacia la derecha, impulsado por el hartazgo frente a la inseguridad, la inflación, el estancamiento económico y los fracasos del socialismo latinoamericano. En ese tablero, la Argentina libertaria busca dejar de ser una experiencia aislada para convertirse en parte de una arquitectura regional con aliados políticos, económicos y diplomáticos.
Keiko Fujimori asumirá con una agenda compleja: estabilizar un país que tuvo una sucesión de presidentes en pocos años, recuperar crecimiento, contener la inseguridad, responder a una sociedad partida casi por mitades y demostrar que puede gobernar más allá del peso histórico de su apellido. Milei, por su parte, ve en su triunfo una oportunidad: sumar a Perú a una alianza regional que hable el mismo idioma político de libertad económica, seguridad y confrontación abierta con el socialismo.





